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Pocos ejercicios de responsabilidad hay más grandes en el mundo empresarial que bautizar un negocio con el mismo apellido. En Catalunya, esta decisión forma parte de un buen grueso de las empresas familiares que conforman el territorio, las cuales representan el 92,3% del tejido, según la Associació Catalana de l’Empresa Familiar (ASCEF). También debió ser una muestra de valentía emigrar en una época en que empezar de cero lejos de casa comportaba riesgos e incertidumbres. La historia de Lombarte Group nace precisamente en este cruce. En el año 1927, en medio de los movimientos migratorios del Aragón rural hacia Catalunya, José Lombarte Martín y su hermano dejaron Vall-de-roures, en la montaña del Matarraña, para establecerse en Sabadell. Allí abrieron Talleres Lombarte, sin imaginar que casi un siglo después el apellido todavía identificaría el negocio en el número 55 de la calle dels Cardona.
"Es bonito llevar el apellido en la empresa, pero si se hace algo mal, el nombre que va por delante es el tuyo y no te puedes esconder", admite entre risas Carles Lombarte, cuarta generación de la compañía y responsable de marketing digital y comercial. Lombarte sitúa los primeros pasos de la firma en la capacidad de resiliencia que demostraron durante la Guerra Civil, cuando tuvieron que realizar su primer "pilotaje" de emergencia para evitar el cierre del taller. "Además de hacer máquinas, nos tuvimos que dedicar a hacer bombas, básicamente porque o se hacía o se perdía la fábrica. No había demasiadas alternativas", recuerda.
En el año 1927, José Lombarte Martín y su hermano dejaron Vall-de-roures, en la montaña del Matarraña, para establecerse en Sabadell. Allí abrieron Talleres Lombarte
Superada la posguerra, la actividad retornó al modelo clásico de sierras, cintas y tornos conducido por la segunda generación, encabezada por el abuelo de Carles, Ramon Lombarte. Un camino que se mantuvo durante décadas, hasta que en el año 1992 -coincidiendo con la jubilación del equipo del abuelo y la entrada de la tercera generación con el padre, Joan Carles Lombarte Hernández-, los costes de producción de la maquinaria en el Estado se volvieron “inasumibles”. Así, el padre decidió trasladar la producción hacia Asia -primero en Taiwán y después en China- y virar hacia la importación y la distribución.
Una reestructuración que les permitió abrir mercado y consolidar su red en España y Portugal. "Aunque la producción se moviera, nosotros mantenemos la mentalidad de fabricante. No queremos ser un portal de comprar y vender, en el que si hay alguna incidencia no se encuentra a nadie para resolverla”, apunta Lombarte. “Queremos que las máquinas tengan calidad y ofrecer un buen servicio técnico de postventa”, añade.
Un acuerdo en Estados Unidos y un viaje hacia el canal digital

Hasta hace un par de décadas, la compañía vendía el 100% de su material a través de distribuidores y ferreterías. En el año 2007 decidieron abrir miras hacia la venta en línea, un canal que hoy representa el 50% de las operaciones del negocio. Esta vía digital fue clave para superar momentos como el confinamiento ocasionado por la pandemia de la covid-19. "Los primeros quince días pensábamos que el mundo se hundiría, pero la gente encerrada en casa empezó a hacer bricolaje y nos quedamos sin stock. Nos llamaban diciendo que se aburrían en casa", comenta Lombarte.
Más allá del canal, la filosofía de Lombarte Group no contempla ninguna competición por precio: "Siempre habrá alguien dispuesto a vender más barato. Nuestra apuesta es competir en marca y en valor añadido", reflexiona. Una identidad corporativa y comercial que ha evolucionado a lo largo de su historia: desde los orígenes bajo el nombre de Grupo Aneto -que no se debe confundir con los caldos naturales-, en referencia a la cima aragonesa que conectaba con las raíces familiares, pasando por el acuerdo para utilizar la marca norteamericana Bridgewood a escala europea, hasta las líneas Lombarte Craft y la unificación definitiva bajo el paraguas de Lombarte Group.
Con un equipo de hasta seis personas, la facturación de Lombarte Group asciende hasta el millón de euros anuales
Con un equipo de hasta seis personas - con padres, tía, primo y un técnico con más de 42 años en la casa-, la facturación de Lombarte Group asciende hasta el millón de euros anuales. Una cifra que rechaza todo tipo de conformismos: "A menudo me dicen: '¡Qué suerte la empresa familiar, tienes un trabajo seguro!'. Y sí, es verdad, pero si yo lo hago mal en el sector privado, me echan, me indemnizan, voy al paro y no pasa nada. En cambio, si hago un lío aquí, el día que me muera me esperan todos los antepasados en el otro barrio para cantarme las cuarenta. Esa presión de no poder equivocarme está siempre”, describe Lombarte.
El oficio como lección de vida y superación

La conexión de Lombarte Group con los clientes más fidelizados ha llevado a la compañía a colaborar con personas como Fran Ferrer, un carpintero de Sabadell que, después de dedicar dos décadas a la madera como pasión, vio cómo su vida daba un giro radical a finales de 2016. Una pérdida de visión repentina mientras conducía fue el primer síntoma de una enfermedad ocular progresiva que lo privaría definitivamente de la vista. Lejos de desfallecer, Ferrer encontró en el torneado de la madera una vía de superación personal que se lo ha dado todo. Equipado con maquinaria de Lombarte Group, se ha convertido en un auténtico maestro de la técnica a través del tacto. “Él mismo es quien graba, produce y edita los tutoriales para el canal de YouTube de la compañía, y enseña a los usuarios cómo sacar el máximo provecho al trabajo manual”, relata Lombarte.
Lombarte: "Todos tenemos muebles de Ikea en casa, pero cuando la gente quiere una pieza especial, hecha a medida y personalizada, eso se paga"
Dentro de su catálogo de maquinaria destacan las sierras de cinta, las máquinas combinadas, las herramientas de cepillar y regruesar y los emblemáticos tornos. Con esta oferta, la firma ha encontrado su público en dos variantes: el profesional de la carpintería y el particular de más de 45 años que busca montar su taller como afición. Ante la homogeneización del mercado, Lombarte reivindica el valor del trabajo artesanal: "Todos tenemos muebles de Ikea en casa, pero cuando la gente quiere una pieza especial, hecha a medida y personalizada, eso se paga. Cuando todo se automatiza, hacer cosas manuales pasa a tener un valor enorme".
Precisamente por eso, Lombarte, que a menudo participa en conversaciones y mesas sobre la empresa familiar en calidad de miembro del Cercle d’Economia, tiene muy clara la receta para los próximos años: "Continuar no quiere decir hacer exactamente lo mismo que hacían nuestros antecesores. La empresa tiene que aguantar 100 o 200 años más, pero la manera de hacerlo cambia”, subraya. “Hemos pasado de fabricar a importar, de vender en tienda física al entorno en línea, y el futuro nos traerá cambios que ahora ni imaginamos”, concluye.

De momento, el relevo generacional parece garantizado para esta firma casi centenaria, que todavía apuesta por el trabajo hecho a mano. Pero tal como alertaba, ahora hace unos años, la presidenta de la Asociación de Empresarios de la Madera (AEF), "sin formación ni relevo generacional, el oficio de carpintero está condenado a desaparecer". Desde Sabadell, la cuarta generación de Lombarte Group se muestra muy optimista con el futuro y con el aterrizaje de la IA, convencida de que la tecnología será "una aliada más" para dignificar y hacer crecer un oficio muy vivo.
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