Economista

A favor de la regularización

12 de Febrero de 2026
Enric Llarch | VIA Empresa

Hace unos días, el amigo Xavier Roig escribía en estas páginas un artículo sobre la inmigración. No solo comparto el eje central de su tesis -la inmigración masiva de los últimos 25 años ha favorecido en Catalunya un modelo económico de baja productividad gracias a esta mano de obra barata-, sino que he escrito en el mismo sentido en diversas publicaciones, una de ellas aquí mismo hace pocas semanas.

 

Ahora, mi conclusión es la contraria de la que Roig manifiesta. Yo estoy a favor de la anunciada regularización de los inmigrantes en situación irregular que ya están establecidos en Catalunya -entre 120 y 170.000, dicen- y en España, medio millón. O más. A favor, a pesar de las críticas que podemos hacerle y que le haremos. En su artículo, el mismo Roig invita al debate que VIA Empresa amablemente se ha ofrecido a acoger.

Hilar fino para construir un discurso creíble y alternativo a la xenofobia

El tema de la inmigración masiva de este último cuarto de siglo ha sido acogido desde un silencio incómodo por parte del progresismo y un buenismo irreflexivo por parte de determinada izquierda. El mismo Pasqual Maragall se apuntó en 2001 a aquello de que “aquí, cabemos todos” cuando se produjeron concentraciones de inmigrantes sin papeles en once iglesias de Barcelona. El malestar que genera la avalancha inmigratoria entre una parte creciente de la población y la falta de discurso y de políticas alternativas desde la izquierda -más allá del buenismo- ha lanzado una parte significativa de la opinión pública, también en Catalunya, en los brazos del discurso xenófobo de la derecha extrema.

 

Por eso mismo, hay que afinar bien cualquier análisis que se pretenda progresista y alternativa a la xenofobia. No vale el trazo grueso porque no ayuda a construir un discurso y unas prácticas alternativas y creíbles

Por eso, nos centraremos en matizar diversas afirmaciones más o menos explícitas que se desprendían del artículo del amigo Roig.

¿Quién saca provecho de la inmigración masiva y descontrolada?

La voluntad de salir del discurso xenófobo por parte del presidente de la patronal catalana, Josep Sánchez Llibre, ha comenzado a abrir los ojos a algunos: “Las empresas necesitan los inmigrantes como el aire que respiramos” decía. Seguramente, la vinculación democristiana de Sánchez Llibre le ha hecho tomar esta bandera -repetida a raíz del anuncio de la regularización- que sus homólogos españoles han evitado.

Efectivamente, muchas empresas necesitan a los inmigrantes como el aire que respiran y son las principales beneficiarias de la inmigración masiva, dispuesta a trabajar por bajos salarios y en trabajos que los autóctonos no quieren hacer. Ahora, no sería justo generalizar. Solo aquellas empresas que fundamentan su competitividad en los bajos costes salariales son directamente beneficiarias.

Pero también muchas familias se benefician o lo han hecho en determinados momentos. Pensemos sobre todo en los cuidados personales -niños, ancianos- que han permitido a muchas mujeres continuar en el mercado laboral porque el bajo coste de esta asistencia era inferior a los ingresos laborales que obtenían trabajando fuera de casa. En los últimos 25 años, la tasa de actividad femenina ha subido once puntos -la masculina bajaba uno y medio-. Algo tiene que ver la disponibilidad de ayuda doméstica a bajo precio para muchas familias.

"Solo aquellas empresas que fundamentan su competitividad en los bajos costes salariales son directamente beneficiarias"

Podríamos hablar de otras actividades, como el reparto a domicilio, el mantenimiento y las reparaciones, la jardinería doméstica... Todo son actividades que requieren importante esfuerzo físico, ocupadas a estas alturas mayoritariamente por población inmigrada. En algún caso, como las empresas de reparto a domicilio, han hecho de esta disponibilidad la base de su negocio. Para otras, como las plataformas comerciales, disponer de repartidores a bajo coste ha sido esencial para su éxito.

No es necesario extendernos también en otros negocios de servicios personales poco cualificados, desde la restauración y la hostelería al comercio físico, antiguo y moderno. No debemos olvidar tampoco todos los servicios generales -como los financieros- y todas las actividades -alimentación, inmobiliario- indirectamente beneficiadas por el aumento de población que comporta la inmigración masiva. En estos últimos casos, sin vinculación directa con la productividad.

¿Es posible una inmigración ordenada?

La segunda precisión al discurso de Roig es esta demanda implícita de ordenar las llegadas de inmigrantes, demanda que parece extenderse entre el conjunto de la población si hemos de creer el último sondeo de IPSOS, donde dos de cada tres catalanes formulan este deseo. Un deseo tan razonable como difícil de llevar a la práctica. De entre las grandes avalanchas inmigratorias, solo tenemos noticia de cómo Alemania, en 1961, estableció un acuerdo con Turquía para una llegada pautada, aunque masiva, de trabajadores turcos. Eran los “trabajadores invitados”. Según el acuerdo, solo podían quedarse en Alemania por un tiempo limitado, pero después se les permitió traer a las familias y quedarse más tiempo. Hoy hay 3,5 millones de personas en Alemania descendientes de aquellos trabajadores invitados.

La última oleada migratoria en Alemania, la de los sirios que huían de la guerra, fue tan descontrolada como lo son todas las oleadas en el resto del mundo. La generosidad de la canciller demócrata cristiana, Angela Merkel, en medio del aplauso de los empresarios, ha sido el caldo de cultivo del auge de la extrema derecha. No allí donde había más inmigrantes, sino en los lands más pobres del este del país, donde muchos habitantes ven peligrar su estatus por la llegada de otras personas más pobres aún. Más o menos, como en todas partes.

"Es muy difícil establecer cuotas y organizar la llegada de determinado perfil de personas según la edad, la capacidad personal, la formación profesional, etc."

Es muy difícil establecer cuotas y organizar la llegada de determinado perfil de personas según la edad, la capacidad personal, la formación profesional... No quiere decir que debamos renunciar a ello, pero debería ser una tarea común y cohesionada de toda la Unión Europea (UE), donde dentro de sus fronteras hay plena movilidad de trabajadores. Sin embargo, la UE todavía está en la etapa de permitir reenviar a los inmigrantes ilegales a centros de concentración en el extranjero, como Italia con Albania. Veremos cuánto tardará en ponerse a ordenar la inmigración.

En los últimos 40 años, ha habido en España seis procesos de regularización de inmigrantes ilegales, dos de ellos por gobiernos del PP. El último data de 2005, con Zapatero. Hace 21 años. La crítica de un supuesto efecto llamada es irreal. La gran mayoría de inmigrantes llega como las cerezas. Algún pariente o conocido les dice que aquí hay trabajo, que si vienen los acogerán provisionalmente y los orientarán en el nuevo país. Y así vienen la gran mayoría, en avión y visado -temporal- de turista que aprovechan para quedarse.

Cuando no hay trabajo, muchos se van, como durante la crisis de 2008. Durante siete años, el saldo migratorio fue escaso o -del 2012 al 2014- directamente negativo. También hubo grandes flujos de salida a raíz de una pandemia que incidió especialmente en los sectores que más ocupan, restauración y hostelería. Por lo tanto, los inmigrantes vienen cuando saben que podrán encontrar trabajo y, además, hay quien les puede hacer de cabeza de puente para instalarse en los primeros momentos. La movilidad es muy elevada. Durante el 2022 y el 2023, que son años de gran afluencia, los que se fueron equivalen a más de la mitad de los que llegaron.

Regularización tacticista

Uno de los elementos más críticos de esta anunciada regularización es el convencimiento generalizado de que no corresponde a ninguna política de fondo, sino a un nuevo movimiento táctico del PSOE para recuperar apoyo parlamentario, en este caso de la extrema izquierda. El anuncio de regularización no ha ido acompañado de ninguna medida para evitar que dentro de unos cuantos años tengamos otra bolsa de inmigrantes irregulares, que no pueden trabajar de forma declarada por esta ilegalidad y no se pueden legalizar porque no tienen contrato laboral. Algo habría que hacer para evitar este círculo vicioso que empuja a los inmigrantes ilegales a la economía sumergida, de la que solo podrán salir si dejan esta ilegalidad.

En honor a la verdad, el gobierno de Pedro Sánchez sí que ha hecho alguna cosa para evitar los casos más extremos -pero proporcionalmente muy minoritarios- de subsaharianos que llegan en embarcaciones desde el norte de África. Los acuerdos con los países ribereños son económicos, pero también políticos, como ha sido el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental. En cualquier caso, la afluencia de inmigración masiva es un arma de presión creciente de los países exteriores a las fronteras de la UE.

Mejor regularizados que ilegales

Y llegamos al final. Siguiendo el argumento principal, la regularización del medio millón o más de inmigrantes en situación ilegal les permitirá acceder a trabajos convencionales y evitarán ser carne de cañón de la economía sumergida. Esto me parece evidente que es bueno para todos, excepto para algunas empresas y familias que los ocupaban a menor coste aún -como mínimo, sin cotizaciones sociales- aprovechando su situación irregular. Que puedan tener trabajos convencionales les dará oportunidad de generar más recursos y no tener que depender -o no hacerlo tanto- de las ayudas de los servicios sociales. Aunque sean reducidas, con trabajos convencionales generarán unas cotizaciones sociales y unos impuestos que ayuden a financiar las prestaciones del estado del bienestar -enseñanza, sanidad, seguridad...- de las que, a pesar de su situación previa de irregularidad, ya disfrutaban.

"Sí a la regularización, pero la actuación pública ante la inmigración masiva no se puede limitar a sacarlos de la ilegalidad"

Por lo tanto, sí a la regularización. Pero la actuación pública ante la inmigración masiva no se puede limitar a sacarlos de la ilegalidad. Una gestión eficiente de la inmigración, aunque forzosamente más lenta y más compleja, ha de minimizar los efectos no deseados que esta comporta cuando es masiva y desordenada. También en la productividad.