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Algunos comentarios que se han hecho en el Informe Fénix lo califican de catastrofista cuando este documento habla de las proyecciones futuras. Son comentarios que se cobijan bajo el calificativo "de opinión". El derecho a opinar es fundamental, y es lo mínimo a lo que puede aspirar una democracia formal —por restringida que sea, como la nuestra—. Ahora bien, la opinión tiene un peligro muy grave: es gratis. Quiero decir que, mientras no se ofenda, no pasa nada. Incluso cuando se vierten mentiras que no son ofensivas. ¿Por qué se piensan que las tertulias de carajillo que se hacen en los medios han proliferado de manera tan grande? Irresponsabilidad total.
Las barbaridades que antes se decían en la tertulia del bar delante de un vaso de vino, ahora tienen una gran difusión —no hablemos ya de internet—. Y es inexistente el buen periodismo, el que debería hacer de filtro ante afirmaciones que crean estado de opinión, que deberían advertirnos de determinadas voces que vierten falsedades aunque no sean ofensivas —es decir, que nadie las puede denunciar—.
En el caso de los profesionales que analizan cualquier tema, la mentira debería ser denunciable. Sobre todo cuando se habla del bienestar futuro del país y de su gente. Y este es el caso cuando determinados economistas y profesionales, y determinados gobernantes, dicen que el futuro del estado del bienestar no está en cuestión. Tienen razón en cierta forma. No está en riesgo el futuro del estado del bienestar. Porque su destrucción ya ha comenzado.
Por lo tanto, no hablemos de futuro, sino de presente. La lista de espera consolidada de todos los servicios sanitarios (cirugía, pruebas y consultas) hoy está en 950.000 personas —era de 750.000 hace siete años—. ¿Hablamos de Rodalies? ¿O de una enseñanza que comenzará en huelga el próximo día 8 como juerga de debut de curso? Si lo prefieren, giremos la mirada hacia la vivienda social —¡con la desfachatez añadida de que los políticos quieren centrifugar el problema a los privados!—. ¿Las autopistas? Bueno, démosle carpetazo.
El estado de bienestar es un mecanismo de seguro. La gente paga una cuota para que los que tienen una incidencia reciban el servicio correspondiente necesario para arreglarla. En una empresa de seguros se cubren las incidencias de un incendio, un accidente, una operación privada, etc. En el caso de las democracias, los ciudadanos y las empresas pagan unos impuestos para que aquellos que tienen una incidencia, el Estado los cubra. Algunas incidencias son puntuales (una operación), otras son estructurales (enseñanza, sanidad, transporte, infraestructuras, defensa, seguridad, justicia, etc.). Pero la similitud financiera entre las aseguradoras y los servicios públicos del estado del bienestar es total: si hay más incidencias o servicios que lo que pueden cubrir las cuotas, el sistema quiebra. Y, en el caso de Catalunya, el sistema del estado del bienestar ha quebrado ya hace tiempo.
"El estado de bienestar es un mecanismo de seguro. La gente paga una cuota para que los que tienen una incidencia reciban el servicio correspondiente necesario para arreglarla"
Unos dirán que es un problema de financiación —las famosas balanzas fiscales—-. Y es cierto. Pero estos agravios no serán resueltos mientras la clase gobernante en Catalunya tenga el grosor que tiene —es decir, escasas micras—. Para no caer en demandas que, con demasiada facilidad, van a parar a la cesta de los temas sin resolución, el Informe Fénix también apuntó —aparte de la financiación estructural insuficiente de Catalunya— determinados temas que pueden ser resueltos sin salir del Principat. Y hablo ahora de los sectores que pagan salarios de miseria gracias a una oferta de mano de obra ilimitada —la inmigración— con la complacencia de los que gobiernan.
El Informe Fénix ha calculado que un salario por debajo de los 29.000 euros no cubre —con sus impuestos y con los que paga la empresa— los servicios básicos del estado del bienestar que presta la Generalitat: sanidad, enseñanza, seguridad y justicia. Ha dejado fuera tantos y tantos otros servicios públicos: transporte, infraestructura, defensa, administraciones, etc. Si se hubieran incluido estos costes, este salario —aquel que pagan determinados sectores que el Informe Fénix ha bautizado como subvencionados— debería ser mucho más alto.
"Cuando una tercera parte de la población trabajadora no llega a percibir este salario —y este es el caso de Catalunya—, el estado del bienestar no es viable"
Que haya personas que no llegan con su salario a cubrir los costes de estos servicios tan básicos es normal. Y este hecho tiene lugar en todo el mundo. Ahora bien, cuando una tercera parte de la población trabajadora no llega a percibir este salario —y este es el caso de Catalunya—, el estado del bienestar no es viable. Por eso digo que aquellos que afirman que el estado del bienestar no está en riesgo, mienten. Perdón, emiten opiniones falsas intencionadamente. Y cuando esto lo hacen los que mandan, y los profesionales que los políticos escuchan, el tema se vuelve grave. Porque la realidad —deficiencias en Rodalies, en sanidad, en la enseñanza, en vivienda, en seguridad, etc.— es muy puñetera y tozuda. Y más que lo será.
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