Experta en ventas

La generación Z no es el problema: somos nosotros

13 de Marzo de 2026
Montse Soler | VIA Empresa

En una conversación reciente, un comercial me explicaba que, estando de vacaciones en Tailandia, se reunió con un potencial cliente con quien hacía meses que, sin éxito, intentaba mantener una reunión. Al final, el cliente le dio una fecha y, aunque esta coincidía con sus vacaciones y su viaje, él la aceptó.

 

Si sois del mundo comercial y leéis esta anécdota podéis pensar que tampoco es para tanto, porque seguro que en algún momento todos hemos hecho reuniones en situaciones curiosas o excepcionales. Lo que realmente me sorprendió es que el protagonista tuviera 24 años y que lo hiciera por iniciativa propia y sin ni siquiera planteárselo.

Escribo este artículo porque últimamente tengo la suerte de trabajar mucho con personas muy jóvenes. Y digo suerte porque, contrariamente a muchas de las etiquetas que a menudo se atribuyen a esta generación Z —que no tienen compromiso, que no quieren esforzarse, que no aguantan la presión o que quieren trabajar poco— a mí no paran de sorprenderme en positivo.

 

Sí, claro, seguro que conocéis casos que refuerzan esta percepción. Pero exactamente en la misma medida que hay séniors resignados esperando un buen despido, que les toque la lotería o que pasen deprisa los años que les separan de la jubilación. Por lo tanto, o no generalicemos, o digamos las cosas por su nombre.

¿Qué me gusta de la generación Z?

Pues de entrada, las ganas —diría casi la necesidad— de aprender constantemente y superarse en el día a día. Y hablo de aprender también de todo tipo de personas que sienten que les aportan y que les hacen crecer, y que pueden ser sus referentes. Son conscientes de que su experiencia profesional es limitada y muestran una curiosidad genuina por todo lo que aún no saben y necesitan entender. De hecho, varios estudios recientes sobre la generación Z coinciden en destacar esta voluntad de aprendizaje continuo y la búsqueda constante de feedback.

"La generación Z es consciente de que su experiencia profesional es limitada y muestra una curiosidad genuina por todo lo que aún no saben y necesitan entender"

Contrariamente también a “todo lo que se dice”, son personas agradecidas. Cuando reciben, dan. Cuando se las acompaña, valoran. Y cuando se cree en ellas, se comprometen. Quizás el concepto de compromiso no es exactamente el mismo que el de generaciones predecesoras, pero el futuro son ellos y el reto de las empresas es crear entornos motivadores que lo faciliten.

Son una hoja en blanco. No hay malos hábitos adquiridos. Escuchan con atención y, si entienden y encuentran coherente lo que se les explica, lo ponen en práctica al día siguiente. Sin resistencias, sin condiciones.

Quiero hacer énfasis en “coherente”, porque sí que pienso que es la generación más crítica con el “haz lo que digo, pero no lo que hago”. Si la empresa habla de cultura, pero premia solo los resultados; si habla de equipo, pero solo reconoce a los individuos; o si habla de flexibilidad y confianza, pero controla horarios, la coherencia cae. Y si se decepcionan, se van.

Otro aspecto que en ventas es especialmente interesante. Veo comerciales jóvenes experimentando con nuevas formas de prospección o nuevos canales de contacto con el cliente sin el peso del clásico “esto siempre lo hemos hecho así”, un mantra todavía demasiado presente en este mundo.

Esta apertura a probar, testar y evaluar nuevas herramientas —por ejemplo, de inteligencia artificial— nos abre a todos un mundo de posibilidades: ahorrar tiempo, analizar mejor los datos o tomar decisiones más informadas. Y, por suerte, además, suelen ser generosos compartiendo aquello que descubren y que funciona.

Sí que tenemos un aspecto a trabajar con ellos, y es la resistencia a la frustración. En entornos comerciales, los resultados no suelen llegar ni fáciles ni rápidos. Y es aquí donde se hace más visible la impaciencia y la necesidad de inmediatez de esta generación que, quizás, han afrontado menos frustraciones vitales que generaciones anteriores.

"Quizás, pues, el problema no es la generación Z. Quizás solo es que continuamos observándola con los mismos prejuicios con los que muchas generaciones han mirado siempre a las que venían detrás"

Quizás, pues, el problema no es la generación Z. Quizás solo es que continuamos observándola con los mismos prejuicios con que muchas generaciones han mirado siempre a las que venían detrás. Y quizás, antes de repetir que los jóvenes no tienen compromiso, deberíamos mirar con más atención qué está pasando realmente en las empresas.

Si hay comerciales de 24 años haciendo reuniones con clientes desde Tailandia a las nueve de la noche, quizás la historia no es exactamente como nos gusta contarla. Quizás el reto no es entender la generación Z, quizás es saber si las empresas estamos realmente preparadas para trabajar con ellos.