¿Puede perder las elecciones un primer ministro de un país que cuenta con el apoyo explícito y público de Donald Trump y de Vladímir Putin? ¿Puede perder las elecciones el gobierno de un país que lleva dieciséis años en el poder y que usa y ha usado, sin escrúpulos, todos sus aparatos y tentáculos de poder visibles e invisibles (algoritmos, servicios secretos, información falsa filtrada a los medios de comunicación...) para mantenerse en el poder? La respuesta es afirmativa: ha pasado en Hungría hace apenas diez días, en pleno 2026, cuando el mundo parece caer en una deriva sin freno de guerra, autodestrucción, locura, cinismo y mentira.
En Hungría, todas las normas electorales estaban debidamente preparadas para hacer imposible la alternancia, después de dieciséis años de control creciente del sistema político, económico y judicial del país y después del diseño a medida de los distritos electorales y de la ley electoral para favorecer al partido del gobierno. Así, se necesitaba una mayoría de dos tercios en el Parlamento húngaro para reformar las principales leyes que debían hacer perdurar “el poder” del partido de Viktor Orbán después de perder las elecciones.
Sin embargo, el 12 de abril de 2026 Péter Magyar ganó las elecciones con un apoyo popular aplastante, claramente más allá de los dos tercios necesarios: su partido Tisza obtuvo 141 de los 199 diputados, con un 58% de los votos, mientras que el partido Fidesz de Viktor Orbán solo obtuvo 52 con un 36% de los votos.
Un hombre contra todo un sistema de poder. Magyar ha sido acosado y provocado constantemente en los últimos dos años, desde que se propuso como candidato opositor. Su teléfono y los de sus colaboradores han sido sistemáticamente pinchados con software de espionaje militar. Su exmujer, Judit Varga (exministra de Justicia), lo tildó de “traidor” en julio de 2025, y lo acusó en sede judicial de violencia doméstica y chantaje, alimentando las sospechas de que era un agente de Fidesz.
Por medio de la IA, se ha estado generando en los últimos meses una cantidad sideral de basura digital contra Magyar, y eran diarias las campañas de descrédito en las que colaboraron especialistas rusos. Su partido Tisza estaba infestado de espías y su sistema informático sufrió constantes filtraciones de datos y ciberataques. Seguidores de Tisza con capacidad de influencia pública eran también acosados digitalmente y todo el país se inundó con carteles que esparcían mentiras sobre Magyar, hasta el punto de ser amenazado con la difusión de vídeos suyos con contenidos sexuales.
Magyar, pero, no se amilanó. En los últimos dos años ha hecho 517 actos electorales en 327 ciudades de Hungría. Ha visitado 161 de las 174 parroquias del país, siempre hablando con la gente directamente, siempre dando la mano, haciéndose decenas de miles de fotos. Magyar hacía entre seis y diez actos electorales diarios con un sencillo mensaje: “No tengáis miedo”. Más postpascual (evangélicamente hablando) imposible.
"Magyar hacía entre seis y diez actos electorales diarios con un sencillo mensaje: “No tengáis miedo”. Más postpascual (evangélicamente hablando) imposible"
La situación de degradación democrática en la Hungría de Orbán era tan evidente que los principales partidos de la oposición (socialistas, liberales, comunistas y verdes) se retiraron de las elecciones e hicieron campaña a favor de Magyar. Eran conscientes de que solo así se tenía la posibilidad de alcanzar la mayoría de dos tercios.
Las masivas manifestaciones que se han producido en Hungría a favor del cambio democrático en los últimos años mostraban cómo esta alternancia era una necesidad creciente: solo esto explica una participación electoral récord del 80%, la más alta desde la derrota del sistema comunista. La visita a Budapest del vicepresidente de los EUA, JD Vance, en apoyo a Orbán no fue suficiente para revertir el resultado electoral.
Para la UE, la alternancia en Hungría supone el fin de los vetos continuados que Orban ha estado practicando contra decisiones comunitarias que exigían unanimidad, como el préstamo de 90.000 millones de euros a Ucrania, sin los cuales el país atacado por Rusia difícilmente puede seguir defendiéndose. La alternancia también supone el final de la difusión a la Rusia de Putin de tantas deliberaciones de los consejos europeos que se hacía desde Hungría. Para Hungría, finalmente, el cambio supondrá el desbloqueo de casi 20.000 millones de euros en fondos de la UE que estaban congelados a causa de la erosión del estado de derecho del país.
"La alternancia también supone el final de la difusión a la Rusia de Putin de tantas deliberaciones de los consejos europeos que se hacía desde Hungría"
Magyar ha recibido el apoyo de los partidos europeístas. La “pizca de Europa” que ya tenemos, a pesar de todas sus muy numerosas limitaciones, es la que ha hecho posible la alternancia democrática en Hungría: Magyar no ha sido encarcelado, o privado de presentarse a las elecciones con acusaciones falsas, o forzado a tener que marcharse al exilio, imposibilitando de facto el cambio. En Cataluña, sin el ejemplo del referéndum de Escocia y sin el marco de mínimas garantías democráticas que se supone que son comunes a todos los estados miembros de la UE, el proceso y el referéndum de octubre de 2017 nunca habrían sido posibles, ni creíbles, ni verosímiles para los propios catalanes.
Desde el punto de vista de la política de inmigración, no se esperan cambios sustanciales en Hungría, dado que Magyar siempre ha defendido un muy estricto control de fronteras.
Desde el punto de vista económico, en cambio, la economía húngara ha crecido mucho menos que la de los países vecinos: fuera del euro y con una inflación desbocada (15% en 2021, 25% en 2022 y 17% en 2023), el Banco Central de Hungría tuvo que aumentar los tipos de interés hasta el 16% para frenar la inflación, lo que provocó una caída de la inversión del 5% y un claro estancamiento económico. El PIB per cápita húngaro se ha estancado en los últimos años, a pesar de la disminución de la población por la emigración, en contraste con el progreso notable de países de la antigua esfera soviética, como la europeísta Polonia. Finalmente, toda una serie de medidas erráticas improvisadas (controles de precios o subsidios energéticos) explican también el desencanto de los húngaros con Orbán.
El efecto Trump se desinfla a causa de su gestión egoísta y errática y por la guerra de Irán. La derrota de Orbán se suma a la victoria reciente de los liberales en Holanda y de los socialdemócratas en Eslovenia y Dinamarca (elecciones legislativas), Portugal (elecciones presidenciales) y Francia (elecciones municipales). En España, Vox vio claramente frenada su progresión en las elecciones de Castilla y León, mientras el PSOE ganó votos y escaños contra todo pronóstico.
La derecha de inspiración trumpista como Hungría está fracasando a causa de su pésimo rendimiento económico. No hay una estrategia clara de impulso del crecimiento económico, ni tampoco una estrategia macroeconómica alternativa clara y diferenciada del paradigma dominante. Marine Le Pen perdió las presidenciales de 2017 contra Macron: este le preguntó que se aclarara en cuanto a la salida del euro y un posible retorno al franco. Le Pen defendió que en Francia se usarían dos monedas (una moneda nacional, que coexistiría con el euro)... y perdió las elecciones. Y hoy Meloni, desde que está en el gobierno en Italia, no ha cuestionado ni uno de los consensos de la UE, y mucho menos el euro.
Hungría será un punto de inflexión? Al menos, la rotunda victoria de Péter Magyar es un soplo fresco de esperanza. Ojalá se acierte en un diseño de más y mejor Europa y que, vía una integración económica y política creciente, sea posible revertir.