Decano y Director General de EADA Business School

Innovar sin destruir lo que ya funciona

07 de Marzo de 2026
Jordi Díaz, 'dean' y director general de Eada Business School | Cedida

Durante años hemos escuchado una idea que parece incuestionable: la innovación pertenece al mundo de las startups. Son ágiles, experimentan rápido y, en teoría, pueden transformar industrias enteras desde un pequeño equipo.

 

Las grandes empresas, en cambio, suelen aparecer en el imaginario colectivo como lo contrario: organizaciones lentas, burocráticas y poco dadas a asumir riesgos. Pero la realidad es bastante más interesante.

Hace unos días, durante algunas conversaciones al margen del Mobile World Congress (MWC) en Barcelona, hablaba con Riccardo Pascotto, vicepresidente de investigación y responsable de la incubadora de Deutsche Telekom, una compañía que factura más de 120.000 millones de euros al año. Su reflexión era clara: incluso organizaciones de ese tamaño necesitan colaborar con universidades, startups y ecosistemas de innovación si quieren garantizar su propio futuro. No hablábamos de innovación como una moda, sino como una cuestión de supervivencia estratégica.

 

En los últimos meses he tenido la oportunidad de trabajar, como profesor de innovación, en distintos programas de formación corporativa con grandes compañías. En el módulo de innovación ocurre algo revelador: directivos con más de una década de experiencia en la organización terminan creando en pocas horas el concepto de una nueva startup dentro de su propia empresa. Identifican un problema latente de sus clientes, diseñan una solución y empiezan a imaginar cómo podría convertirse en un nuevo negocio.

Lo interesante es que muchas de estas ideas difícilmente surgirían de alguien sin el bagaje que estos directivos han acumulado durante años. Conocen profundamente el mercado, las limitaciones operativas, la tecnología disponible y, sobre todo, los problemas reales de los clientes. En cierto modo, actúan como auténticos exploradores corporativos.

Las startups no tienen pasado. Las grandes empresas, sí.

"Innovar implica, en gran medida, saber abandonar selectivamente parte de ese pasado. Pero abandonar selectivamente no significa destruir lo que ya funciona"

Y ese pasado es, al mismo tiempo, una fortaleza y una barrera. Las grandes empresas rara vez fracasan al innovar por falta de ideas. Mucho más a menudo fracasan porque están diseñadas para proteger lo que ya funciona.

Innovar implica, en gran medida, saber abandonar selectivamente parte de ese pasado. Pero abandonar selectivamente no significa destruir lo que ya funciona. A veces significa crear algo nuevo al lado de lo existente.

Un ejemplo interesante lo tenemos mucho más cerca de lo que pensamos. Durante años, Seat tenía una pregunta estratégica difícil dentro del grupo Volkswagen: ¿podía convertirse en una marca aspiracional y cool? Probablemente no. La historia de una marca pesa. La respuesta no fue intentar cambiar radicalmente lo que Seat había sido durante décadas, sino crear algo nuevo dentro de la propia organización: Cupra.

Mientras Seat continuaba explotando su negocio principal, Cupra permitía explorar un posicionamiento distinto, nuevos clientes y propuestas de valor. El resultado es que Cupra ha conseguido construir en pocos años una identidad propia, atraer a un perfil de cliente distinto y convertirse en una de las apuestas estratégicas más claras del grupo para el futuro.

No se trataba de reinventar Seat. Se trataba de crear el espacio donde explorar algo que Seat, por su propia historia, difícilmente podía ser. Ese equilibrio entre explotación y exploración es uno de los grandes retos de la innovación corporativa.

Las organizaciones necesitan seguir gestionando con excelencia el negocio de hoy mientras crean espacios para descubrir el negocio de mañana. Sin embargo, casi siempre aparece una resistencia inicial. Muchas ideas se bloquean con una frase muy habitual dentro de las organizaciones: “Esto ya lo intentamos”. Es en ese momento cuando introduzco una pregunta muy sencilla que suele cambiar la conversación: Why now? ¿Por qué ahora? La pregunta desplaza el debate. Ya no discutimos si la idea se intentó antes o no. Lo relevante pasa a ser si hoy las condiciones han cambiado: nuevas tecnologías, nuevos comportamientos de los clientes, nuevas dinámicas competitivas o nuevas posibilidades operativas. De repente, aquello que parecía imposible empieza a tener sentido.

"Las startups tienen una ventaja evidente: no arrastran historia. Pero las grandes empresas tienen algo igual de valioso: conocimiento acumulado, acceso al mercado y la capacidad de escalar rápidamente una idea"

Las startups tienen una ventaja evidente: no arrastran historia. Pero las grandes empresas tienen algo igual de valioso: conocimiento acumulado, acceso al mercado y la capacidad de escalar rápidamente una idea cuando esta funciona. La innovación no pertenece exclusivamente al mundo de las startups. De hecho, muchas de las transformaciones más relevantes nacen dentro de organizaciones que han aprendido a hacer algo aparentemente sencillo, pero profundamente difícil: gestionar el negocio actual mientras exploran el siguiente.

Ese es, en el fondo, el verdadero reto de la innovación corporativa.

Porque innovar no consiste solo en crear cosas nuevas. A veces consiste, sobre todo, en decidir qué parte de nuestro pasado merece seguir formando parte del futuro y cuál debemos dejar atrás.