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¿De dónde sale el beneficio de la banca española en 2025?

El pasado ejercicio señaló con claridad qué palancas importan de verdad: eficiencia estructural, peso creciente de las comisiones y disciplina en el uso del capital

Fachada del edificio del BBVA en Madrid | Europa Press
Fachada del edificio del BBVA en Madrid | Europa Press
Santiago Tiana | VIA Empresa
Consultor sénior independiente de estrategia y operaciones
Barcelona
09 de Febrero de 2026 - 04:55

La banca española vuelve a presentar resultados sólidos. Beneficios elevados, rentabilidades sobre el capital en niveles históricamente altos, morosidad contenida y colchones de capital holgados dibujan un sector muy distinto al que emergió de la crisis financiera. Sobre el papel, la fortaleza es incuestionable.

 

Sin embargo, el contexto ha cambiado. En esta temporada de resultados ya no basta con ganar dinero ni siquiera con batir previsiones para convencer al mercado. En varios casos, cuentas sólidas han ido acompañadas de reacciones bursátiles tibias, cuando no negativas. El contraste entre resultados y valoración empieza a ser revelador.

Durante los últimos años, la explicación era relativamente sencilla. La rápida subida de los tipos de interés actuó como un potente viento de cola, impulsando el margen sin exigir grandes esfuerzos comerciales ni un aumento del riesgo. Ese escenario empieza ahora a quedar atrás. Con los tipos estabilizados y el ciclo monetario en una fase más madura, el margen deja de crecer al ritmo de ejercicios anteriores y, en algunos casos, comienza a normalizarse.

 

A partir de aquí, el análisis cambia de naturaleza. Los resultados dejan de reflejar únicamente el efecto del entorno y pasan a medir la capacidad real de cada entidad para generar beneficios en condiciones menos favorables. Factores como la eficiencia, el peso de las comisiones, la disciplina en costes, la gestión del riesgo o la calidad del capital se vuelven determinantes.

¿Por qué la pregunta relevante ya no es cuánto ha ganado la banca española este año, sino de dónde procede ese beneficio… y cuánta parte podrá repetirse en 2026?

1. Anatomía del beneficio bancario

El margen de intereses: sigue siendo clave, pero ya no explica todo. En los últimos dos años ha sido el gran protagonista. En 2025 siguió siendo una pieza central, pero con un matiz fundamental: ya no creció de forma homogénea ni automática.

En los bancos con mayor diversificación internacional, el margen aguantó mejor. BBVA cerró el ejercicio con un margen de intereses superior a los 26.000 millones de euros, con un crecimiento del 13,9% interanual, apoyado en el fuerte aumento de volúmenes en México y otros mercados clave. Banco Santander, por su parte, mantuvo ingresos totales estables en euros, por encima de los 62.000 millones, y compensó la normalización del margen en algunas geografías con escala, diversificación y crecimiento en comisiones.

El margen siguió siendo la base del negocio, pero dejó de ser una palanca suficiente por sí sola para sostener el crecimiento del beneficio

En el negocio más doméstico, el cambio de fase fue mucho más visible. CaixaBank registró en el conjunto del año una ligera caída del margen de intereses, aunque con señales de estabilización en el último trimestre. Banc Sabadell mostró un retroceso cercano al 4% en el margen anual, mientras que Unicaja Banco siguió muy apoyado en esta partida, con un peso elevado del margen financiero en su cuenta de resultados.

Aquí apareció una primera conclusión estructural: el margen siguió siendo la base del negocio, pero dejó de ser una palanca suficiente por sí sola para sostener el crecimiento del beneficio, especialmente en el mercado español.

Las comisiones: el termómetro más fiable del modelo de negocio

A medida que el margen pierde tracción, las comisiones pasan al primer plano. Y lo hacen no solo como fuente de ingresos, sino como indicador de la calidad del modelo comercial.

En 2025, las comisiones netas crecieron en prácticamente todas las entidades, aunque con intensidades muy distintas. CaixaBank incrementó sus ingresos por servicios un 5,4%, con un crecimiento destacado en gestión de activos, que avanzó un 11,2%, lo que le permitió compensar parte de la normalización del margen y cerrar el ejercicio con un beneficio cercano a los 6.000 millones de euros.

Edificio del Banc Sabadell en Sant Cugat del Vallès | EP
Edificio del Banc Sabadell en Sant Cugat del Vallès | EP

Sabadell avanzó en la misma dirección, con un crecimiento moderado de comisiones, en torno al 2%, apoyado en fondos y seguros, aunque todavía insuficiente para neutralizar completamente la presión sobre el margen financiero. Unicaja mostró una evolución más gradual, con un peso de las comisiones todavía limitado en su estructura de ingresos.

Hay, sin embargo, un modelo que ilustra mejor que ninguno este cambio de paradigma. Bankinter construyó un resultado donde las comisiones fueron estructurales. Su beneficio superó por primera vez los 1.000 millones de euros, con un crecimiento cercano al 14%, y lo hizo con una dependencia mucho menor del margen de intereses que la media del sector.

La lectura es clara: las comisiones no sustituyen al margen, pero marcan la diferencia entre un beneficio coyuntural y uno con mayor capacidad de repetirse en 2026.

Costes y eficiencia: la diferencia entre ganar y ganar bien

Si los ingresos explican cuánto se gana, la eficiencia explica qué parte de esos ingresos acaba convirtiéndose en beneficio. Y aquí las diferencias entre entidades son tan relevantes como poco visibles en el titular.

Los bancos que hoy operan con ratios de eficiencia en la franja del 36–41% han llegado ahí tras años de inversión, simplificación y digitalización. Bankinter se situó en el 36%,CaixaBank y BBVA en el 38–39%, y Santander mejoró hasta el 41%, su mejor nivel en más de una década.

En otros casos, como Banc Sabadell, con una ratio de eficiencia del 49,3%, o Unicaja, que situó su eficiencia en el 45,5%, la tendencia fue positiva, pero el margen de maniobra resultó menor cuando los ingresos dejaron de crecer con fuerza.

Este punto es clave para entender la sostenibilidad del beneficio: la eficiencia no depende del ciclo monetario. Es una ventaja acumulada que permite absorber presión en precios, invertir sin deteriorar rentabilidad y sostener resultados cuando el crecimiento se vuelve más exigente.

El riesgo: un aliado silencioso, pero no permanente

El último gran componente del resultado es el riesgo. Y en 2025 jugó claramente a favor del sector: la morosidad se mantuvo por debajo del 3% en prácticamente todas las entidades y el coste del riesgo se situó en niveles históricamente bajos. CaixaBank presentó un coste del riesgo del 0,22%, Banco Sabadell lo redujo hasta 31 puntos básicos en términos de coste total del riesgo, y Unicaja consolidó su proceso de mejora tras años de saneamiento.

En los bancos con mayor exposición internacional, el coste del riesgo se situó en el 1,15% en Santander y en el 1,39% en BBVA, niveles coherentes con su diversificación geográfica y una gestión prudente del riesgo. Este entorno benigno explicó una parte relevante del beneficio de 2025. Pero conviene no perder de vista una realidad incómoda: el riesgo es una de las palancas más cíclicas de la cuenta de resultados y, difícilmente, podrá seguir aportando tanto como en los últimos ejercicios.

El riesgo es una de las palancas más cíclicas de la cuenta de resultados y, difícilmente, podrá seguir aportando tanto como en los últimos ejercicios

Al juntar todas las piezas, se impuso una idea transversal en todo el sector. La banca española ganó dinero, sí, pero no todos los beneficios se apoyaron en las mismas bases. Algunos descansaron más en el ciclo de tipos, otros en la capacidad comercial, otros en la eficiencia acumulada, y casi todos se beneficiaron, al menos en 2025, de un entorno de riesgo contenido.

Esa diferencia, que entonces podía parecer secundaria, será determinante cuando el entorno deje de ser tan favorable. Porque a partir de aquí, el gran debate ya no es cuánto se gana, sino cómo se crece sin destruir valor. Y ahí es donde se plantea la siguiente gran paradoja del sector.

2. Eficiencia, escala y tecnología

El análisis de los resultados de 2025 apunta a una conclusión cada vez más clara: la diferencia entre bancos ya no está tanto en cuánto ingresan, sino en cuánto les cuesta generar esos ingresos. En un entorno de tipos estabilizados y mayor presión competitiva, la eficiencia trasciende el papel de indicador secundario y se consolida como variable estratégica.

Cuando el margen financiero pierde tracción, la pregunta relevante es sencilla: cuánto cuesta ganar dinero. En banca, la respuesta está en el ratio de eficiencia. Y los datos de 2025 dibujaron una frontera nítida dentro del sistema. 

En el extremo más eficiente se situó Bankinter, con una ratio cercana al 36%, lo que explicó su capacidad para crecer a doble dígito y superar los 1.000 millones de euros de beneficio sin una dependencia excesiva del ciclo de tipos. Con costes tan contenidos, la presión en márgenes se absorbió mucho mejor.

El consejero delegado de CaixaBank, Gonzalo Gortázar, durante la presentación de resultados de la entidad en Valencia | Europa Press
El consejero delegado de CaixaBank, Gonzalo Gortázar, durante la presentación de resultados de la entidad en Valencia | Europa Press

En la gran banca doméstica, CaixaBank se movió en niveles próximos al 39%, lo que le permitió mantener una rentabilidad elevada incluso en un ejercicio de normalización del margen de intereses. La eficiencia actuó aquí como amortiguador del ciclo.

En la banca diversificada internacional, la eficiencia se apoyó en una dinámica distinta. El BBVA mejoró su ratio hasta el entorno del 39% gracias a un crecimiento de ingresos muy superior al de los costes, lo que le permitió sostener retornos elevados incluso en un contexto más exigente. El Santander, por su parte, combinó eficiencia y escala: con ingresos superiores a 62.000 millones de euros, comisiones récord y costes contenidos, redujo su ratio hasta la zona del 41%, el mejor nivel en más de una década.

La comparación resultó aún más relevante al observar entidades que mejoraron de forma notable, pero partieron de niveles menos competitivos. El Sabadell situó su eficiencia en torno al 49%, con costes prácticamente planos pero ingresos presionados por la caída del margen de intereses. El avance fue real, pero el margen de maniobra resultó menor cuando el precio apretó. En Unicaja, la eficiencia mejoró hasta el 45–46%, un paso importante tras años de reordenación que, al mismo tiempo, subrayó el reto de 2026: cada punto adicional será decisivo en un entorno de márgenes más ajustados.

Cuando el margen pierde el impulso automático de los tipos, la competencia se traslada de los ingresos a las estructuras

La lectura transversal es clara. Cuando el margen pierde el impulso automático de los tipos, la competencia se traslada de los ingresos a las estructuras. Un banco con una eficiencia del 36–39% puede competir con márgenes unitarios más bajos; uno que opera en el 45–50% entra antes en una zona de incomodidad cuando la presión en precios aumenta.

Este diferencial no se explica solo por ajustes coyunturales. Es el resultado acumulado de decisiones estratégicas: digitalización, simplificación operativa y uso intensivo de datos y automatización en procesos comerciales, operativos y de riesgo. La tecnología trasciende el relato corporativo y se consolida como una condición necesaria para sostener la rentabilidad cuando crecer en volumen ya no garantiza crecer en beneficio.

Por eso, 2026 no será tanto el año de grandes transformaciones visibles como el año en que se comprobará quién ha construido un modelo capaz de sostener resultados en un entorno menos complaciente. Y aun así, incluso con eficiencia, escala y tecnología, queda una cuestión clave por resolver: qué hacer con el capital que se genera. Ahí es donde entra el nuevo contrato con el accionista.

3. Capital, dividendos y recompras

La banca española ha entrado en una nueva fase en su relación con el capital. En 2025, todas las grandes entidades cerraron el ejercicio con ratios CET1 fully loaded por encima del 12%, y en varios casos claramente por encima de su rango operativo. La solvencia dejó de ser una restricción y pasó a convertirse en una variable de gestión.

Ese exceso de capital tiene una implicación clara: penaliza la rentabilidad si no se utiliza. En un entorno donde el crecimiento rentable es más difícil, la respuesta del sector fue homogénea: devolver capital al accionista.

No tiene sentido seguir acumulando capital si no hay oportunidades claras de crecimiento rentable

Los datos lo reflejaron con claridad. Santander cerró el ejercicio con un CET1 del 13,5%, BBVA en torno al 12,7%, CaixaBank en el 12,6%, Sabadell alrededor del 13,1%, Bankinter en el 12,7% y Unicaja por encima del 15%. Todos se situaron cómodamente por encima de los mínimos regulatorios y, en algunos casos, incluso por encima de su rango objetivo. El mensaje implícito es evidente: no tiene sentido seguir acumulando capital si no hay oportunidades claras de crecimiento rentable.

En este contexto, dividendos y, sobre todo, recompras de acciones se convirtieron en la herramienta preferida. Santander anunció compromisos de recompra por más de 10.000 millones de euros entre 2025 y 2026; BBVA combinó dividendos en efectivo con recompras relevantes; CaixaBank, Sabadell y Bankinter activaron también programas significativos, mientras Unicaja incrementó el dividendo apoyado en su holgura de capital.

Desde el punto de vista financiero, la lógica es clara: la recompra resulta fiscalmente más eficiente para el accionista y mejora el beneficio por acción. Pero conviene subrayar un matiz clave: optimiza la eficiencia del capital, no garantiza una revalorización bursátil.

Paneles del Ibex-35 en el Palacio de la Bolsa de Madrid | Europa Press
Paneles del Ibex-35 en el Palacio de la Bolsa de Madrid | Europa Press

El mercado lo dejó claro en esta temporada de resultados. Varias entidades anunciaron recompras relevantes y, aun así, registraron reacciones tibias o negativas en bolsa. El mercado no cuestiona la solvencia; cuestiona la visibilidad del crecimiento futuro del beneficio. En un entorno de márgenes normalizados, riesgo estable y mayor presión competitiva, el capital deja de ser un catalizador suficiente por sí solo.

A esta ecuación se suma una tensión creciente: crecer en crédito implica consumir capital y compite directamente con dividendos y recompras. Por eso, el discurso empieza a converger en un mismo punto: crecimiento selectivo, no crecimiento a cualquier precio.

El contrato con el accionista ha cambiado. La banca española ya no promete grandes historias de expansión, sino generación recurrente de capital, disciplina financiera y retorno estable. El reto de 2026 será demostrar que este enfoque responde a modelos capaces de sostener beneficios cuando el entorno deje de ayudar, más allá del final del ciclo de tipos.

2026 pondrá a prueba el modelo, no los números

Los resultados de 2025 confirmaron una realidad incuestionable: la banca española ganó dinero y lo hizo con balances saneados, rentabilidades elevadas y capital abundante. El debate ya no estuvo en la solvencia ni en la capacidad de generar beneficio. El debate está en la sostenibilidad.

El ciclo de tipos dejó de empujar y el crecimiento del crédito será limitado en un mercado maduro. En este contexto, no todos los bancos podrán ganar cuota sin sacrificar márgenes, ni todos podrán mantener los niveles de rentabilidad alcanzados. La diferencia no la marcará el tamaño del balance, sino la calidad del modelo.

Los datos de 2025 señalaron con claridad qué palancas importan de verdad: eficiencia estructural, peso creciente de las comisiones y disciplina en el uso del capital. Ahí estarán las entidades capaces de sostener beneficios cuando el entorno deje de ayudar. El resto tendrá que elegir entre crecer o proteger márgenes.

El mercado ya no premia la solvencia por sí sola; exige capacidad de generar resultados recurrentes en un escenario más exigente

El capital, por su parte, ha cambiado de función. Los dividendos y las recompras reflejan fortaleza, pero no garantizan creación de valor si el beneficio pierde visibilidad. El mercado ya no premia la solvencia por sí sola; exige capacidad de generar resultados recurrentes en un escenario más exigente.

2026 no será un año de sorpresas, sino de confirmaciones. Confirmará qué bancos ganaron por modelo y cuáles lo hicieron por ciclo. Y esa distinción, más que cualquier récord puntual, será la que determine el valor del sector en los próximos años.