No matéis a los autónomos

La frialdad de las estadísticas esconde la fragilidad y desatención de un colectivo que representa el 15% del empleo en Catalunya

El 78,5% de los autónomos depende del sector servicios. De estos, el 34,7% tiene que ver con las actividades del comercio y la hostelería | Berta Artigas (ACN)
El 78,5% de los autónomos depende del sector servicios. De estos, el 34,7% tiene que ver con las actividades del comercio y la hostelería | Berta Artigas (ACN)
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Coordinador general de la Mancomunitat Penedès-Garraf
02 de Septiembre de 2026 - 04:55

Por verosímiles que sean, es sabido que a menudo las estadísticas enmascaran desequilibrios y asimetrías; por ejemplo, entre los territorios. Esto hace que puedan ser utilizadas a conveniencia, Dios no lo quiera. Según convenga, la interpretación de los datos puede ser expuesta como un ditirambo o como la más áspera de las peyorativas. La frialdad de los porcentajes no siempre se corresponde con la temperatura ambiente, y las realidades también tienen su punto de ebullición.

 

Pongamos por caso los datos del trabajo autónomo en Catalunya. En este Principado de campanarios erectos y barretinas holgadas tenemos 581.840 personas que cotizan en los regímenes especiales de trabajo autónomo; esto supone un 15% del total de la ocupación. El 78,5% de los autónomos depende del sector de servicios. De estos, el 34,7% tiene que ver con las actividades del comercio y la hostelería; por cierto, víctimas propiciatorias del Informe Fénix del que hemos oído mucho ruido y quizás quedará en nada, como los artificios pirotécnicos de una fiesta mayor.

La incidencia del trabajo autónomo en el mosaico de actividades económicas es mucho más relevante y exigente de lo que revelan las fuentes estadísticas

La tendencia es al alza, de la misma manera que lo es la terciarización de la economía catalana y, de rebote, la atomización del tejido empresarial. He aquí un contexto cada vez más vulnerable si tenemos en cuenta la fragilidad estructural de los centros de cotización y el incremento del número de empresarios individuales -esta manera de bautizarlos no deja de ser un eufemismo.

 

La incidencia del trabajo autónomo en el mosaico de actividades económicas es mucho más relevante y exigente de lo que revelan las fuentes estadísticas. No ponemos en cuestión el Idescat, que se limita a servirnos datos y dinámicas, pero sí que deberíamos procurar una manera más acertada a la hora de leer el país y sacar conclusiones.

Solo el 3,5% del trabajo autónomo está abocado a las actividades primarias; se concentra sobre todo en comarcas del interior. En Les Garrigues, los autónomos de la agricultura suponen el 40,5% del total, y en la Terra Alta llegan al 39%. En los antípodas encontramos las demarcaciones del litoral: en el Garraf y en el Baix Llobregat, los autónomos del mar y del campo no sobrepasan el 0,6% del total.

El Garraf nos viene muy bien como el caso de un territorio en el que el zoom estadístico hace tambalear la observancia de la globalidad; la contradice, incluso. Si río arriba hemos dicho que en Catalunya el 15% de los puestos de trabajo está ocupado por autónomos, en el caso del Garraf la referencia se va casi al 30%. El 82,7% de los autónomos de este distrito postindustrial con capital en Vilanova i la Geltrú está vinculado al pentámero de servicios (comercio, turismo, salud, cultura y ocio). En esta clasificación, es la segunda comarca de Catalunya, solo por detrás del Barcelonès (87,8%) por cuestiones obvias.

También el Garraf es una estrofa prosaica del fenómeno de miniaturización de la actividad empresarial. La ratio por centros de cotización está en 9,8 trabajadores. Solo el 31,4% del empleo se localiza en empresas de 50 o más puestos de trabajo. La diseminación laboral va a más porque el crecimiento demográfico no encuentra correspondencia con el ralentí del censo empresarial.

Si río arriba hemos dicho que en Catalunya el 15% de los puestos de trabajo está ocupado por autónomos, en el caso del Garraf la referencia se va casi al 30%

Este paisaje, sin embargo, no es diferente de otros entornos cercanos, resignadamente expectantes de la reactivación de la actividad industrial. Esta no llega y nunca llegará porque parece que las gafas de ver de cerca hace tiempo que se han empañado y las directrices presupuestarias más generalistas parece que no entienden de necesidades categóricas de los territorios. De todo se hace un cesto. Más allá de las geografías parias, que son las exometropolitanas, se debería imponer la inteligencia estadística para interpretar debidamente las características de cada una de las poblaciones para dotarlas de recursos convenientes. Si no lo hacemos así alimentaremos con creces el recipiente de los agravios entre unas y otras; que no son pocos.

En otro sentido, conviene poner mayor miramiento en las singularidades del trabajo autónomo y las penalidades de buena parte de las mujeres y los hombres que trabajan por su cuenta. No solo están mal pagados -en términos reales y de lenguaje coloquial- sino que están desconsiderados y desatendidos por el sistema. De hecho, y no me diréis que no, cuando alguien te reconoce que es autónomo -siempre con un ánimo apesadumbrado y un semblante de pez hervido- nos despierta de manera espontánea una cierta lástima. Y eso no es justo ni es bueno.

Nuestros autónomos merecen una hoja parroquial, para ellos solos. Se debe hablar más de ello. No es de mandamiento ni liturgia que decantemos la economía hacia la menudencia por el hecho de que no somos capaces de propiciar estructuras firmes y, por el contrario, castigamos los oficios solitarios. Hoy, en Catalunya, el oficio de trabajador autónomo es más difícil que morderse la nariz. ¡Intentad hacerlo! 

Hace demasiado tiempo que hablamos de emprendimiento y ahora nos han colgado la etiqueta del talento, otro chicle con regusto a banalidad. Mientras tanto, en el sector público prima el número de titulaciones académicas como mérito a considerar en los procesos de selección. Aquí nadie habla de actitudes y de capacidades; no se tienen en cuenta.

Nuestros autónomos merecen una hoja parroquial, para ellos solos. Hoy, en Catalunya, el oficio de trabajador autónomo es más difícil que morderse la nariz

En los trabajos se valora cada vez más el currículum académico en detrimento de las ganas de aprender y progresar profesionalmente. Esta degeneración por parte de las organizaciones a la hora de captar personas también es culpable del afloramiento de nuevos autónomos, que en muchos casos lo son porque no encuentran oportunidades en el mercado de trabajo.

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