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Las fundaciones empresariales, un modelo poco conocido

La existencia de estas entidades sin ánimo de lucro que son las titulares últimas de grandes multinacionales responde a la voluntad de las familias fundadoras de proteger el patrimonio empresarial

Fachada de la sede de Novo Nordisk en Alemania | iStock
Fachada de la sede de Novo Nordisk en Alemania | iStock
Roger Vinton
Escritor
28 de Agosto de 2026 - 04:55

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Un día de 1908, el relojero Hans Wilsdorf recorría Londres en autobús cuando, repentinamente, un duende se le aproximó a la oreja y pronunció una palabra: Rolex. Una historia estrambótica, pero era lo que Wilsdorf relataba cuando alguien se interesaba por el origen de la marca de relojes que él mismo fundó. Existiera o no el duende, lo cierto es que esta marca se convirtió en un éxito mundial y que mantiene el prestigio intacto todavía en nuestros días.

 

Cuesta mucho conocer datos financieros fidedignos de la empresa que Wilsdorf fundó, pero se estima que su facturación durante el último ejercicio cerrado, el 2025, se encaramó hasta los 11.700 millones de euros, lo cual le podría permitir generar fácilmente unos beneficios superiores a los 3.000 millones anuales.

Pero en este caso no nos interesan sus números y ni tan siquiera la calidad de estos relojes de diseño suizo, sino la forma jurídica del negocio, porque en 1945 Wilsdorf creó una fundación a la que traspasó todas las acciones de la compañía. Ocho décadas después, todo continúa igual, de manera que se puede constatar que el líder mundial de los relojes de alta gama no tiene inversores privados, ni cotiza en bolsa, ni puede ser comprado por nadie. Sin duda, no es la estructura de propiedad que tienen hoy en día la mayoría de las multinacionales, pero ni mucho menos es un caso único, como veremos a continuación.

 

Otro caso paradigmático lo encontramos en Suecia, y nos conecta con la familia más rica y poderosa de aquel país. Cuando el matrimonio formado por Knut Agathon Wallenberg y Alice Olga Constance Nickelsen supo que no tendrían descendencia, Wallenberg decidió crear un enjambre de fundaciones para traspasarles todo el ingente patrimonio empresarial que poseía. Esto sucedía en 1917, y hoy en día, más de un siglo después, las conocidas como The Wallenberg Foundations son titulares de paquetes accionariales clave en grandes multinacionales como ABB, AstraZeneca, Saab, Ericsson o Electrolux, todo ello con un valor de mercado estimado en unos 278.000 millones de dólares.

No salimos de Suecia, porque en aquel país encontramos otro de los casos destacados de fundación empresarial, y es el que afecta al fabricante de muebles Ikea. Eso sí, la sede de las tres fundaciones que se reparten el patrimonio de la multinacional está fuera del país escandinavo, porque mientras Stichting INGKA Foundation está ubicada en los Países Bajos, Interogo Foundation e Inter IKEA lo están en Liechtenstein. La primera de ellas fue creada en 1982 por Ingvar Krampad, el fundador de la multinacional del mueble. Tiene como principal activo la red de tiendas Ikea que hay esparcidas por el mundo. Por su parte, Interogo fue creada en 1989 y es la propietaria de Interogo Holding, la sociedad que gestiona las inversiones que no forman parte del negocio medular. Finalmente, Inter IKEA es la titular de la propiedad intelectual de los productos del fabricante de muebles.

En Suecia hay varios casos de grandes fundaciones empresariales: desde The Wallenberg Foundations a Ikea

Han pasado casi dos siglos desde que la familia Bertelsmann puso en marcha su negocio editorial y con el paso del tiempo se ha convertido en una de las principales multinacionales del sector. Los herederos del fundador, la familia Mohn, han mantenido el control del grupo, pero tanto a través de ser accionistas, como mediante diversas fundaciones. El esquema de propiedad indica que el 20% de las acciones están de manera directa en manos de la familia, mientras que el 80% restante pertenecen a una sociedad, que a su vez es titular del 100% de los derechos políticos de estas acciones, y que está vinculada a las fundaciones familiares.

La marca Baxi nos suena por un doble motivo: por un lado, fueron patrocinadores durante años de uno de los equipos de baloncesto con más solera del país, el Bàsquet Manresa, y por otro, en 2005 adquirieron el vertical de negocio de calefacción de una de las principales multinacionales catalanas, Roca. La multinacional Baxi pertenece al grupo neerlandés BDR Thermea Group, cuyo único accionista es una fundación.

Y para cerrar esta recopilación de multinacionales cuyo capital está en manos de una o más fundaciones, recuperamos el caso de la danesa Novo Nordisk, fabricante del célebre Ozempic, de la que hablamos a principios de este año. La farmacéutica tiene dos tipologías de acciones que difieren en función de sus derechos políticos, en un esquema similar al de la catalana Grifols. La Fundación Novo Nordisk (Novo Nordisk Fonden) tiene un 28% del capital, pero controla el 77% de los derechos de voto, de modo que es quien controla realmente la empresa.

El caso de la Fundación "la Caixa"

Todas estas fundaciones no son ni mucho menos un listado cerrado, sino que nos podríamos extender durante mucho tiempo explicando casos y algunos de ellos de empresas muy conocidas, como es el caso de Bosch o de Calsberg, entre otras. Alguien podría pensar que en esta recopilación podríamos incluir el binomio CaixaBank-Fundación Bancaria “la Caixa”, pero más allá de la coincidencia en la estructura de la propiedad —es cierto que hablamos de una fundación que es la máxima accionista de un banco—, su existencia responde a razones completamente diferentes a lo que hemos visto aquí.

Fachada de la Fundació "la Caixa", en la avenida Diagonal de Barcelona | Cedida
Fachada de la Fundació "la Caixa", en la avenida Diagonal de Barcelona | Cedida

La hecatombe de las cajas de ahorros fruto de la crisis financiera iniciada en 2008 derivó en cambios legislativos enfocados a fomentar las sociedades por acciones dentro del ámbito bancario, en detrimento de las estructuras de propiedad asociativas, como eran las cajas. En esta dinámica, “la Caixa” optó por escindir su actividad crediticia a una nueva entidad que fue bautizada como CaixaBank. Inicialmente, “la Caixa” tenía una mayoría casi total de las acciones del nuevo banco, pero el paso del tiempo y las ampliaciones de capital han ido mermando su poder, en un proceso que irá a más en el futuro. Por lo tanto, la existencia de esta dualidad fundación-empresa tiene muy poco que ver con los casos vistos.

Más allá de su actividad filantrópica —que la tienen—, en general, la existencia de estas entidades no mercantiles y sin ánimo de lucro que son las titulares últimas de grandes multinacionales responde a la voluntad de las familias fundadoras del negocio de proteger el patrimonio empresarial y evitar su disgregación.

No deja de ser curioso que quien tiene grandes negocios en sus manos considere que la mejor manera de perpetuar una sociedad anónima es situarla bajo el amparo de una entidad que no lo es

No deja de ser curioso que quien tiene grandes negocios en sus manos considere que la mejor manera de perpetuar una sociedad anónima es situarla bajo el amparo de una entidad que no es sociedad anónima, un discurso absolutamente opuesto a aquello que oímos a menudo en el mundo del fútbol donde algunos gurús insisten en el hecho de que la manera más segura de proteger el futuro de determinados clubes es transformarlos en SAD. Recientemente, el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, expuso esta motivación en su intento de transformar el modelo de propiedad del club que preside y también a menudo hemos oído opiniones alineadas con esta dentro del entorno del FC Barcelona.

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