Etnógrafo digital

El robot que hace el robot

07 de Mayo de 2026
Act. 07 de Mayo de 2026
Josep Maria Ganyet | VIA Empresa

El 5 de mayo, el 98% de los trabajadores de Google DeepMind en Londres votaron sindicalizarse. Un mes antes, en Nueva York, los periodistas de ProPublica habían hecho la primera huelga de una redacción norteamericana motivada, en parte, por la negativa de la empresa a incluir una cláusula que prohibiera despidos por IA. Y en el 22@ de Barcelona, Capgemini ha abierto un ERE para 130 trabajadores. Motivo declarado: el impacto de la inteligencia artificial.

 

Tres noticias que leídas a la vez se entienden mejor.

Los titulares de Silicon Valley, tecnosolucionistas o apocalípticos, depende de cómo se mire, parece que estos últimos meses han pasado de las redes sociales a la calle. Mark Zuckerberg declaraba en enero que “2026 es el año en que la IA cambiará drásticamente cómo trabajamos”. Marc Benioff, CEO de Salesforce, resumía la razón del despido de 4.000 trabajadores de su departamento de atención al cliente con un lacónico “necesito menos cabezas”. Jack Dorsey —el infame cofundador de Twitter y de Block, que despidió al 40% de su plantilla— lo dejó por tuiteado: “Un equipo significativamente más pequeño, con las herramientas que estamos desarrollando, puede hacer más y mejor”. Los programadores ven cómo sus copilotos digitales hacen más trabajo y más rápido que el que nunca podrán hacer. También las sillas vacías de sus compañeros más júniors.

 

No podemos decir que no estuviéramos avisados. El informático, músico, compositor, multiinstrumentista, gurú y flipado de la vida Jaron Lanier, ya escribió en 2013 en Who Owns the Future? que la economía digital no va exactamente como la atómica (la basada en átomos). “Kodak tenía 140.000 empleados de clase media muy buenos. Instagram tenía trece, y punto”. En 1996, Kodak era la cuarta marca más valiosa de los Estados Unidos, por detrás de Disney, Coca-Cola y McDonald’s, con 28.000 millones de capitalización bursátil y el 90% del mercado norteamericano de película. El 19 de enero de 2012, declaró la quiebra y, solo tres meses después, Facebook compraba Instagram por 1.000 millones de dólares. Trece empleados. Ningún ingreso.

Los economistas del MIT Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee plantearon un experimento mental en el libro The Second Machine Age (2014) que nos puede ayudar a entender por qué ahora puede no ser como siempre. Imaginemos que mañana una empresa introduce androides que pudieran hacer absolutamente todo lo que hace un trabajador humano, incluyendo fabricar más androides. Suministro ilimitado, extremadamente baratos, virtualmente gratuitos de mantener. Trabajarían todo el día, cada día, sin averías. Todos los empresarios los preferirían. Sustituirían muy rápidamente a la mayoría de los trabajadores humanos. Los propietarios de los androides capturarían todo el valor de la economía. Quienes no tuvieran activos solo tendrían su mano de obra para vender. Y su mano de obra no valdría nada.

Esto, que cuando lo leí en su momento me parecía un experimento mental provocativo (¿es que hay otros?), hoy, aunque sigue siendo provocativo, ya no me parece tan experimento.

"La respuesta al planiano '¿y todo esto quién lo paga?' es plana también: los trabajadores despedidos. Empezando por quienes han programado esta IA. Giro de guion"  

Meta cerró el primer trimestre de 2026 con 26.800 millones de dólares de beneficio neto —un 61% más que el año anterior— y días  después anunció 8.000 despidos. Oracle eliminó hasta 30.000 puestos justo después de unos resultados excelentes, para financiar 156.000 millones en infraestructura de IA. Los analistas de TD Cowen hicieron el cálculo: cada 20.000 despidos en Oracle equivalen a entre 8.000 y 10.000 millones adicionales en flujo de caja libre. La respuesta al planiano ¿y todo esto quién lo paga?  es plana también: los trabajadores despedidos. Empezando por quienes han programado esta IA. Giro de guion.

Anthropic —la empresa que construye el pujante Claude— ya no necesita, según afirman ellos mismos, que sus ingenieros escriban código: el 90% lo genera Claude Code, que es el mismo Claude. Boris Cherny, responsable del producto, escribió en X que hace más de dos meses que no escribe ni una línea de código. En toda la empresa, la cifra se sitúa entre el 70% y el 90%. El robot de Brynjolfsson y McAfee está aprendiendo a hacer el robot.