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La banca española gana más que nunca… y convence menos

El primer trimestre confirma un cambio de ciclo: el foco ya no está en cuánto se gana, sino en si se podrán sostener esos resultados en un entorno de tipos menos predecible

Vista del horizonte de Madrid con el barrio residencial las Tablas, el edificio de oficinas del BBVA y el distrito financiero de Cuatro Torres al atardecer | iStock
Vista del horizonte de Madrid con el barrio residencial las Tablas, el edificio de oficinas del BBVA y el distrito financiero de Cuatro Torres al atardecer | iStock
Santiago Tiana | VIA Empresa
Consultor sénior independiente de estrategia y operaciones
07 de Mayo de 2026 - 04:55

La banca española ha arrancado 2026 con una demostración de fortaleza que, a primera vista, deja poco margen para la discusión. Los beneficios se mantienen en niveles elevados, la rentabilidad supera con holgura el coste de capital y los balances presentan una calidad que hace apenas una década parecía inalcanzable. Solo en el primer trimestre, Santander genera 3.560 millones de beneficio ordinario —5.455 millones reportados tras la venta de su filial en Polonia—, BBVA alcanza 2.989 millones y CaixaBank 1.572 millones, consolidando al sector como uno de los más rentables de Europa. A menor escala, entidades como Banc Sabadell y Unicaja completan una fotografía en la que incluso los bancos más domésticos mantienen beneficios positivos y balances saneados.

 

El punto de partida es sólido: morosidad contenida, capital abundante, con ratios CET1 que en algunos casos superan ampliamente los objetivos internos, y capacidad para sostener dividendos y recompras de forma recurrente. Bankinter roza el 20% de rentabilidad sobre capital, BBVA supera el 21% y CaixaBank se sitúa en torno al 17,6%. Son cifras que, no hace tanto, parecían fuera de alcance para la banca europea.

El fin del margen fácil

La primera señal del nuevo ciclo aparece en el margen de intereses. No se deteriora de forma abrupta, pero deja de crecer por inercia. CaixaBank apenas logra incrementarlo un 0,6% interanual y muestra ya una ligera caída frente al trimestre anterior. Sabadell registra un descenso del 3,5% en términos comparables, mientras que Unicaja lo mantiene prácticamente plano, con un crecimiento del 1,3%.

 

No son cifras preocupantes. Pero sí marcan un punto de inflexión claro. El margen financiero ya no es el motor automático del beneficio.

En los grupos internacionales, como BBVA o Santander, el crecimiento se sostiene. BBVA eleva su margen cerca de un 18% y Santander en torno a un 4%, pero la explicación ha cambiado. Ya no es el efecto mecánico de los tipos, sino el volumen, el mix de negocio y la exposición a geografías con mayor dinamismo. En el caso de BBVA, México vuelve a ser el principal motor, mientras que Turquía aporta crecimiento pero también volatilidad. Es decir, más actividad… y también más riesgo.

El negocio bancario vuelve a depender de la gestión. Y eso, inevitablemente, empieza a separar a las entidades por cómo construyen lo que ganan

El sector entra así en una fase más exigente. Durante los últimos años, la pregunta era cuánto margen adicional podían generar los bancos en un entorno de tipos al alza. Ahora, la cuestión es cuánto de ese margen es defendible cuando los tipos dejan de ser un aliado y el coste del pasivo empieza a normalizarse. La remuneración de depósitos, todavía contenida en algunos balances, empieza a presionar.

El negocio bancario vuelve a depender de la gestión. Y eso, inevitablemente, empieza a separar a las entidades no por lo que ganan, sino por cómo lo construyen.

Dos formas de ganar dinero: crecimiento frente a calidad

Ese cambio de entorno deja al descubierto una fractura que hasta ahora había permanecido en segundo plano. Bajo resultados sólidos en todas las entidades, conviven dos formas distintas de generar rentabilidad: crecer más o crecer mejor.

Les façanes dels edificis del Banc Sabadell i CaixaBank | Cedides
Les façanes dels edificis del Banc Sabadell i CaixaBank | Cedides
BBVA representa el modelo más expansivo. Con un ROTE del 21,7%, el banco combina crecimiento de crédito (+17% a tipos constantes), margen financiero al alza y comisiones creciendo un 15,5%. Es un modelo de alta intensidad comercial, apoyado en mercados como México o Turquía y en segmentos de mayor rendimiento como consumo y tarjetas.

Pero ese crecimiento tiene contrapartida. El coste del riesgo sube al 1,54% y las provisiones aumentan más de un 30%. No es una señal de deterioro, sino de mix de negocio. BBVA crece más porque asume más.

Cada euro de beneficio empieza a valorarse en función del riesgo que implica, del capital que consume y de su capacidad de repetirse en el tiempo

Santander comparte parte de esa lógica, aunque con una complejidad adicional. Su beneficio reportado de 5.455 millones está impulsado por extraordinarios, mientras que el resultado ordinario crece en torno a un 12%. El banco mantiene ingresos sólidos, mejora eficiencia y avanza en su transformación operativa, pero también refleja tensiones en provisiones en mercados como Reino Unido o Argentina. La escala protege, pero no elimina el riesgo.

Frente a este enfoque, emerge un segundo modelo centrado en la calidad del ingreso. Bankinter es su mejor exponente. Con un ROTE cercano al 20%, una morosidad del 1,92% y un coste del riesgo de apenas 32 puntos básicos, mantiene una de las mejores combinaciones de rentabilidad y control del riesgo del sector. Pero lo hace desde una disciplina clara: la nueva producción hipotecaria cae cerca de un 40% porque el banco evita competir en precio.

CaixaBank se sitúa en una posición intermedia, pero con una inclinación clara hacia la estabilidad. Su ROTE del 17,6%, una morosidad del 1,98% y una cobertura del 79% reflejan un modelo equilibrado. No lidera el crecimiento, pero tampoco lo necesita: su fortaleza está en la consistencia, en su capacidad de generar ingresos recurrentes y en una base de clientes altamente vinculada.

En una posición más híbrida, entidades como Banc Sabadell y Unicaja Banco combinan elementos de ambos enfoques, con balances que han mejorado de forma clara pero con una capacidad más limitada para generar crecimiento o ingresos diferenciales, lo que las sitúa en una fase más dependiente de la evolución del entorno que de ventajas estructurales propias.

El cambio de ciclo amplifica estas diferencias. Cuando el entorno favorecía a todos, el modelo importaba menos. Ahora, cada euro de beneficio empieza a valorarse en función del riesgo que implica, del capital que consume y de su capacidad de repetirse en el tiempo.

La batalla silenciosa: ingresos de calidad y guerra hipotecaria

A medida que el margen financiero pierde protagonismo, el foco se desplaza hacia los ingresos de calidad. Las comisiones se convierten en un elemento central del modelo. BBVA las incrementa un 15,5%, Bankinter un 8,1% y CaixaBank un 7,5%, impulsadas por gestión patrimonial, seguros y servicios.

Este cambio define qué bancos podrán sostener ingresos cuando el margen deje de crecer. En este terreno, CaixaBank y Bankinter muestran una ventaja estructural por su capacidad de vinculación y su modelo comercial. BBVA y Santander avanzan con fuerza, especialmente en pagos y negocio global, pero mantienen una mayor dependencia del crédito.

La tensión se traslada con especial claridad al mercado hipotecario. CaixaBank incrementa su cartera un 6,7% y eleva la nueva producción un 12%, mientras Santander aumenta la concesión en España un 44%, en un claro intento de recuperar cuota. El crédito vuelve a crecer, pero bajo una presión creciente sobre el precio.

Bankinter, en cambio, opta por preservar rentabilidad: reduce producción para evitar una guerra de precios que considera destructiva. Sabadell aumenta su cartera hipotecaria, mientras Unicaja acelera la nueva producción, aunque ninguno de los dos lidera la ofensiva competitiva.

El dilema es claro: ganar cuota o defender margen. Y lo que hoy parece una decisión táctica marcará la rentabilidad estructural del sector en los próximos años.

Balance sólido… pero el riesgo vuelve al radar

La calidad del balance sigue siendo el principal argumento del sector. La morosidad se mantiene en niveles bajos: 1,92% en Bankinter, 1,98% en CaixaBank, 2,6% en BBVA y en torno al 3% en Santander. Sabadell y Unicaja también mejoran sus ratios, consolidando una tendencia positiva.

Pero el mercado ya no mira solo la foto, sino la trayectoria. BBVA eleva provisiones un 35%, reflejo de su mayor exposición a consumo y mercados emergentes. Santander mantiene estabilidad, pero con focos de volatilidad en determinadas geografías. En el extremo opuesto, los bancos domésticos presentan perfiles más conservadores, aunque también con menor potencial de crecimiento.

Marc Armengol, CEO de TSB, i César González-Bueno, conseller delegat del Banc Sabadell, durant la presentació de resultats | Cedida
Marc Armengol, CEO de TSB, y César González-Bueno, consejero delegado del Banc Sabadell, durante la presentación de resultados | Cedida

El capital refuerza la sensación de fortaleza. Santander alcanza un CET1 del 14,4% (impulsado por la operación en Polonia), BBVA el 12,83% y CaixaBank el 12,5%, niveles que permiten sostener dividendos elevados y programas de recompra. En el extremo superior, Unicaja destaca con un 15,8%, reflejo de una posición de solvencia especialmente holgada que, sin embargo, también evidencia una menor presión por optimizar la rentabilidad del capital. Banc Sabadell, por su parte, cerró marzo con una posición de capital cómoda y la venta de TSB le aportará un refuerzo adicional para afrontar su nueva etapa en solitario.

Pero también introducen una pregunta incómoda: si ese capital refleja fortaleza… o la falta de oportunidades reales para invertirlo con rentabilidad, algo que se hace especialmente visible cuando la remuneración al accionista se acerca al beneficio anual, como en el caso de Unicaja.

Un nuevo mapa para un nuevo ciclo

Con todos estos elementos, el mapa del sector empieza a redefinirse. CaixaBank emerge como el banco más equilibrado; BBVA, como el más dinámico y rentable; Bankinter, como el de mayor calidad operativa; Santander, como el más global y complejo; Sabadell, como una historia en transición; y Unicaja, como el más capitalizado, aunque todavía pendiente de transformar solvencia en mayor rentabilidad estructural.

La banca española ha demostrado que puede ganar dinero en el mejor de los escenarios. Ahora debe convencer de que puede seguir haciéndolo en uno simplemente normal

El sector entra así en una nueva fase. Los tipos ya no sostienen el margen con la misma linealidad, la competencia vuelve a tensionar precios y el mercado exige claridad sobre la calidad del beneficio. No es un cambio abrupto, pero sí lo bastante profundo como para alterar las reglas del juego.

La banca española ha demostrado que puede ganar dinero en el mejor de los escenarios. Ahora debe convencer de que puede seguir haciéndolo en uno simplemente normal. Porque en este nuevo ciclo, el éxito ya no se medirá por el tamaño del beneficio, sino por la solidez del modelo que lo sostiene.