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Barcelona, Madrid y los unicornios que se dejan cazar

De Glovo a Allfunds, siete de los catorce unicornios españoles ya tienen, o tendrán pronto, dueño extranjero; Madrid vende antes, Barcelona resiste más

Barcelona y Madrid compiten, se miran de reojo, se disputan cada nuevo repartidor o cada nueva plataforma como si la otra ciudad fuera el adversario real | VIA Empresa
Barcelona y Madrid compiten, se miran de reojo, se disputan cada nuevo repartidor o cada nueva plataforma como si la otra ciudad fuera el adversario real | VIA Empresa
Quie Martín
Economista
11 de Octubre de 2026 - 04:55

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El 21 de enero, el operador de la bolsa de Fráncfort anunció que compraba Allfunds, una plataforma de distribución de fondos con sede en Madrid y cotizada en Ámsterdam, por 5.300 millones de euros. Los accionistas, entre ellos un fondo estadounidense, uno soberano de Singapur y un banco francés, lo aprobaron en marzo. Solo quedan pendientes las autorizaciones regulatorias, que el comprador espera tener durante el primer semestre de 2027.

 

No era la primera vez que una empresa alemana se llevaba una de las nuestras. En julio de 2022, Delivery Hero, que ya era el accionista principal, cerró la compra de Glovo hasta quedarse con cerca del 94%. La pagó con acciones que aquel año se hundieron un 60%. Dos ciudades, dos negocios, dos empresas alemanas que no tienen nada que ver la una con la otra, y una misma escena: la bestia que deja de correr.

Dos ciudades, dos negocios, dos empresas alemanas que no tienen nada que ver la una con la otra, y una misma escena: la bestia que deja de correr

Porque de eso hablamos cuando hablamos de unicornios. Los bestiarios los situaban al margen del mapa, allí donde el cartógrafo dejaba un vacío y una advertencia. El capital riesgo los hizo salir del bosque el día que decidió que una empresa privada podía valer mil millones. Entre la bestia que no debería existir y la línea de un Excel que dice que sí que hay una distancia que nadie sabe medir del todo bien, y es en esta distancia donde me gustaría quedarme un rato.

 

En Barcelona, el unicornio crece como crecen las cosas en la montaña: sin mucho plan, aprovechando un suelo que no pide permiso. Cada año, el Mobile World Congress (MWC) trae medio mundo de la tecnología; el 22@ ha convertido las fábricas del Poblenou en oficinas; las universidades sacan ingenieros que, de vez en cuando, deciden no marcharse. De este terreno han salido un repartidor en bicicleta (Glovo), una nómina que se hace sola (Factorial), una ley que se encuentra sin abrir ningún manual (vLex), un viaje de trabajo que se reserva sin llamar a nadie (Perk, la antigua TravelPerk), un billete de avión (eDreams) y un coche que carga en silencio (Wallbox).

Nadie los diseñó para ser míticos: nacieron para resolver algo pequeño y cotidiano. Un día, sin que nadie lo hubiera previsto del todo, la cosa pequeña dejó de ser pequeña. El unicornio barcelonés tiene algo de animal salvaje que ha crecido lejos del corral: no sabe del todo bien cómo comportarse ahora que es grande. En Madrid, en cambio, el unicornio suele nacer cerca de las tuberías: redes, plataformas, mercados donde otros compran y venden. La ciudad pone la banca y los despachos donde se cierran las rondas, una proximidad al capital que en Barcelona se tiene que buscar siempre un poco más lejos.

De aquí han salido un piso que se busca sin salir de casa (Idealista), una fibra que se extendió por todo el país (Jazztel), un operador de telefonía (MásMóvil), la plataforma de fondos del principio (Allfunds), un coche que llega sin preguntarse demasiado si aquello es un taxi u otra cosa (Cabify) y un trabajador que se encaja en un tablero muy grande (Job&Talent). No es menos mítico -ningún unicornio lo es-, pero se mueve con una seguridad que en Barcelona a veces envidia y a veces sospecha.

El unicornio barcelonés tiene algo de animal salvaje que ha crecido lejos del corral: no sabe del todo bien cómo comportarse ahora que es grande. En Madrid, en cambio, suele nacer cerca de las tuberías

Hay una parte de la leyenda que se suele olvidar: que nadie podía cazar un unicornio por la fuerza. La única manera de domarlo era sentar a una doncella en el bosque y esperar que la bestia, atraída por su pureza, pusiera la cabeza en su regazo. Solo entonces se dejaba atar. Es una imagen extrañamente exacta de lo que hemos visto dos veces en cuatro años con compradores alemanes y dos bestias de dos ciudades diferentes: nadie las obligó, exactamente. Les pusieron algo delante -dinero, escala, reconocimiento- lo suficientemente puro, en apariencia, para que ellas mismas decidieran acostarse.

Y Alemania no ha sido la única que ha parado la falda. El Reino Unido se ha llevado el portal inmobiliario madrileño (Idealista); Canadá, entero, el buscador de leyes barcelonés (vLex), que ya no existe como criatura independiente; Suecia, la genética reproductiva valenciana de Igenomix. Francia lo ha hecho dos veces. Compró la fibra óptica (Jazztel) en 2015, cuando todavía ni los llamábamos unicornios, y este junio ha completado la compra de la mitad de MasOrange -la antigua MásMóvil, ya fusionada con la filial española de Orange- que unos fondos habían sacado de bolsa en 2020. Siete operaciones, seis compradores, cinco países, tres ciudades y un mismo gesto repetido: siete de los catorce unicornios que Dealroom cuenta en España ya han puesto, o están a punto de poner, la cabeza en una falda que no es la suya.

La cuenta, además, desmiente un poco el tópico. De las seis bestias madrileñas -contando las de Alcobendas-, cuatro ya son de alguien más o lo serán pronto: Idealista, Jazztel, MásMóvil y Allfunds. De las seis barcelonesas, dos: Glovo y vLex. Es cierto que Jazztel y MásMóvil son más bien caballos de bolsa que criaturas del capital riesgo, y que sin ellas el marcador se ajusta. La más domesticada es, pues, la que antes se acuesta; la salvaje, la que más resiste. Con seis casos por ciudad no es suficiente para hacer una ley, pero sí para sospechar que en Madrid la bestia nace ya a punto para ser comprada, y en Barcelona crece hasta que alguien le ofrece el regazo.

De las seis bestias madrileñas, cuatro ya son de alguien más o lo serán pronto: Idealista, Jazztel, MásMóvil y Allfunds. De las seis barcelonesas, dos: Glovo y vLex

Y aquí ya no hay manera de esconderse detrás del mito. Barcelona y Madrid compiten, se miran de reojo, se disputan cada nuevo repartidor o cada nueva plataforma como si la otra ciudad fuera el adversario real. Pero mientras discutimos cuál cría más bestias de estas, ninguna de las dos ha aprendido todavía a hacerlas crecer solas. Ninguna de las dos les ofrece, antes de que llegue la doncella de turno, algo que no sea necesario vender: una patente, un laboratorio, una generación de ingenieros que no sea necesario importar.

La rivalidad entre las dos capitales, tan vistosa, tan fácil de explotar en un artículo como este, quizás es la distracción perfecta para que ni la una ni la otra tenga que responder la pregunta de verdad. ¿Por qué, cuando un unicornio español llega a la edad de crecer solo, la salida acaba siendo casi siempre venderse, venga de donde venga la falda?

Quizás la respuesta no está en el bosque, sino en lo que plantamos en él. Un unicornio que nace de una aplicación se puede vender con una firma; uno que nace de un laboratorio cuesta más de arrancar de sitio. Y aquí las dos ciudades tienen mucho más que explicar que en el recuento de bestias: cuánto invierte cada una en investigación, quién la paga y adónde va a parar. De eso, si queréis, hablaremos el próximo día.

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