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De AlmaNatura a Raventós Codorníu: 10 años del movimiento B Corp en Catalunya

Ambas empresas ilustran cómo “una compañía puede hacer mucho más que ganar dinero” cuando se alinea con estándares sociales y ambientales

L’equip de Raventós Codorníu, el dia que va obtenir la certificació B Corp  Cedida
L’equip de Raventós Codorníu, el dia que va obtenir la certificació B Corp Cedida
Natàlia Bosch | VIA Empresa
Periodista
14 de Febrero de 2026 - 04:55

Filosofía. Este es el primer concepto que puede aparecer en la cabeza cuando alguien intenta comprender qué hay detrás del sello B Corp. De hecho, el mismo Raimon Puigjaner, cofundador y presidente de B Lab Spain -la organización que impulsa y regula la certificación en el estado español-, admite a VIA Empresa que el movimiento tiene “una idea filosófica”, una manera de hacer empresa que va más allá de los protocolos y las memorias de sostenibilidad.

 

Durante una década, el modelo ha ido arraigando hasta convertirse en un referente para las empresas que quieren demostrar con hechos y no solo con discursos, que el negocio puede generar valor más allá de la cuenta de resultados. “Las empresas son agentes de cambio que pueden influir en aquello que el mundo necesita”, relata Puigjaner.

Puigjaner: “Las empresas son agentes de cambio que pueden influir en aquello que el mundo necesita”

Pero, ¿qué significa exactamente ser B Corp? El nombre ya da alguna pista. La “B” hace referencia al beneficio, pero no al beneficio económico, sino al beneficio colectivo: la capacidad de una empresa de generar un impacto positivo en las personas, el territorio y el planeta. El “Corp”, por su parte, va más allá de la abreviatura de compañía: remite a una corporación que incorpora este beneficio en el centro de su funcionamiento, en la estrategia, la gobernanza y la toma de decisiones.

 

Todo ello no ha surgido de la nada. El movimiento B Corp nació en el año 2006 en Estados Unidos, impulsado por tres emprendedores -Jay Coen Gilbert, Bart Houlahan y Andrew Kassoy- que querían redefinir qué significa tener éxito en los negocios. De aquella semilla inicial ha crecido una comunidad global con más de 9.000 empresas certificadas, y casi 300 de ellas en España. “Allí conviven compañías que han nacido con este ADN y otras que se han transformado en el camino”, explica Montse Sellarès, jefa de comunicación de B Lab Spain.

Este año, coincidiendo con el décimo aniversario de la iniciativa, se ha incorporado una variación de los estándares, con un planteamiento que ha cambiado en fondo y forma. Ya no se habla de cinco áreas amplias, sino de siete temas concretos y críticos -como clima, género, compras responsables o propósito empresarial- que todas las empresas deben cumplir bajo unos mínimos obligatorios. “Si eres excelente en seis temas, pero en uno no cumples los mínimos, no serás B Corp”, alerta Puigjaner. Y esto implica la movilización de toda la compañía: “No depende de un único departamento, sino de todas las ramas funcionales”, añade.

AlmaNatura, pioneros en abrir camino

El equipo de AlmaNatura, la primera empresa B Corp en España | Cedida
El equipo de AlmaNatura, la primera empresa B Corp en España | Cedida

AlmaNatura fue la primera empresa certificada en España en 2014. Desde entonces, se ha convertido en un caso cargado de simbología. La vocación social de la compañía hizo que se originara como una ONG en el año 1997, en Arroyomolinos de León (Huelva), y no fue hasta 2004 que se convirtió oficialmente en una empresa: “Cuando nos constituimos como una sociedad limitada, nuestros asesores fiscales nos decían que ya no debíamos pensar en el bien común”, lamenta a VIA Empresa Juanjo Manzano Sánchez, cofundador y director general.

La vocación social de AlmaNatura hizo que se originara como una ONG en el año 1997, y no fue hasta el 2004 que se convirtió oficialmente en una empresa

Durante años navegaron entre la vocación social y las lógicas de mercado, hasta que en 2014 descubrieron la certificación B Corp. Aquel sello les dio un marco, un lenguaje y una comunidad. Su propósito -reactivar comunidades rurales y frenar la despoblación- encajaba perfectamente con lo que B Lab buscaba en los primeros años: proyectos “cristalizables”, tangibles, fáciles de explicar y de entender.

El impacto fue inmediato. Antes de certificarse, facturaban menos de 6.000 euros. Tres años después habían multiplicado por diez las ganancias y hoy superan el millón anual. “B Corp nos permitió narrativas que el cliente entendía. El triple cuenta de resultados es mucho más claro que una ISO”, resume Manzano.

Este patrón coincide con las conclusiones del último estudio de B Lab, que revela que las empresas B Corp son un 51% más propensas a crecer en contextos de crisis que el resto. Durante el período más crítico de la pandemia, el 70% de las B Corps europeas aumentaron sus ingresos, frente al 45% de las empresas convencionales. Entre los años 2019 y 2022, el 76% creció, mientras que en el tejido empresarial general la cifra se quedaba en el 60%.

Ahora bien, más allá del salto económico, lo que también marcó un antes y un después para AlmaNatura fue el cambio de lógica interna: la decisión de no repartir dividendos los ha situado en una puntuación de 170 puntos, una de las más altas de Europa. “Esto no va solo de negocio, va de estilo de vida”, afirma Manzano. Cuando se certificaron, eran los únicos: “Estaba muy bien ser los primeros, pero nos desesperaba ser los únicos”, reconoce con franqueza. Y desde esta experiencia, el cofundador defiende una idea que para él es irrenunciable: “Una compañía puede hacer mucho más que ganar dinero”.

Raventós Codorníu y la metamorfosis B Corp

Paisaje de viñedos de Raventós Codorníu | Cedida
Paisaje de viñedos de Raventós Codorníu | Cedida

Si miramos hacia Catalunya, el movimiento también ha cautivado empresas con siglos de historia. Uno de los casos más reveladores es el de Raventós Codorníu, el grupo catalán de bodegas dedicado a la producción de vinos y espumosos fundado en el año 1551, el cual ha vivido una metamorfosis profunda sin renunciar a su legado. María Vidal, directora de comunicación y sostenibilidad del grupo, explica que el aterrizaje en el movimiento B Corp no fue un punto de inflexión súbito, sino la culminación de un proceso iniciado en 2020.

L’arribada de una nueva dirección con experiencia internacional y una mirada más estratégica sobre la sostenibilidad, abrió la puerta a una etapa que ha dado la vuelta a la manera de crecer de la compañía. “Teníamos que avanzar, pero no a cualquier precio”, resume Vidal a este diario. La certificación B Corp llegó en marzo de 2025, y actuó como una "brújula", porque no solo validaba el camino recorrido, sino que permitía ver con claridad qué funcionaba y qué había que repensar.

“Nos sirvió para ordenar datos, entender dónde estábamos y detectar en qué teníamos que mejorar”, señala Vidal. El proceso fue en paralelo a la definición del nuevo modelo de negocio e implicó a las quince bodegas del grupo. “No es lo mismo certificar una empresa o una bodega que quince”, recuerda con una sonrisa que deja entrever la magnitud del reto, que no acaba con la obtención del sello, porque este se ha de renovar cada tres años.

Entre los deberes pendientes de Codorníu, Vidal sitúa la descarbonización -sobre todo el cálculo y la reducción de las emisiones de Alcance 3- y el impulso de la diversidad y la inclusión. “Es nuestro gran reto, en un año todo esto no se arregla”, admite con realismo. Sin embargo, recuerda que la sostenibilidad no es ninguna novedad dentro de la casa. “Somos una empresa de 475 años. Si hemos llegado hasta aquí es porque siempre nos hemos sabido adaptar. Esto es ser sostenible”, remarca. Y pone un ejemplo: en 2023 culminaron la conversión de 3.000 hectáreas de viñedo a ecológica, un proyecto de más de una década que depende en gran parte de viticultores externos. “Tienes que convencerlos de que dejar los pesticidas es mejor para ellos, para el pueblo y para el consumidor”, explica.

Vidal: “Somos una empresa de 475 años. Si hemos llegado hasta aquí es porque siempre nos hemos sabido adaptar. Esto es ser sostenible”

Esta mirada larga también incluye un legado a menudo silenciado. “En el siglo XVII, Ana de Codorníu ya dirigía la finca, cuando no había mujeres dirigiendo nada”. Para Vidal, parte del trabajo reciente ha sido “tomar conciencia del potencial que ya teníamos y explicarlo”. El ejercicio de mirar atrás para avanzar hacia adelante también tiene una traducción en los números: “Es pronto para decir que nuestros resultados son gracias a B Corp, pero sí que lo son gracias al cambio estratégico”, subraya. Desde 2020, el grupo ha pasado de veinte a casi 50 millones de ebitda. “Poner la sostenibilidad en el centro hace que todo sea más ágil. Todos los departamentos hablan el mismo idioma. Si una idea es buena para el medio ambiente, para la comunidad, para las personas y, además, genera beneficio, hay que tirarla adelante".

La conexión con la comunidad B Corp es constante. Vidal ha establecido vínculos en la Barcelona Wine Week, en la que cuatro consejeros delegados del sector compartieron escenario para hablar sobre buenas prácticas en el liderazgo. “Siempre lo decimos, debemos aspirar a ser no solo las mejores empresas del mundo, sino las mejores para el mundo, y competir juntas. Este es el cambio de mentalidad”, concluye. 

Y esta manera de relacionarse no solo se limita al sector vitivinícola. Manzano conoce bien la sensación. Lo vivió en uno de los primeros congresos globales, en Chile, donde se reunieron más de 1.500 compañías de todo el mundo. “Recuerdo estar haciendo cola en el buffet con una empresa de abogados delante de mí y gente de sectores completamente diferentes, y había algo maravilloso: hay una parte del discurso que la puedes omitir. Nadie intenta venderte nada, porque todos compartimos el mismo propósito de hacer la economía de otra manera”, señala. Entre las empresas que le han inspirado, destaca una catalana: La Casa de Carlota, un estudio de diseño activista y creativo, que integra personas con discapacidades diversas. “Siempre me ha fascinado porque tiene un propósito muy cristalizable", confiesa.

Buff, HolaLuz, Esteve o Camper, entre las firmas catalanas certificadas

Las instalaciones de Buff en Igualada | Cedida
Las instalaciones de Buff en Igualada | Cedida

Tanto Raventós Codorníu como AlmaNatura no son casos aislados. El mapa catalán está lleno de empresas que han dado este mismo giro. “Aquí hay compañías que lo entendieron muy rápidamente y que han hecho una apuesta muy fuerte”, apunta Puigjaner. Y desfila una extensa lista: Buff, la igualadina referente en el sector textil; HolaLuz, en el ámbito energético; FerrerEsteve y Uriach, provenientes del mundo farmacéutico; o Camper y el calzado; “Son sectores muy diferentes, y lo interesante es que todos comparten la idea de que el beneficio puede tener otra lógica”.

Pero Manzano añade un matiz: "A menudo nos tambalea un poco la idea de que nos confunden con una Responsabilidad Social Corporativa (RSC) bien hecha, y nosotros no somos una empresa con RSC. Las B Corp somos otra manera de hacer negocios”, defiende. Por eso, dice, no se trata de hacer filantropía ni de acciones puntuales, sino de atraer el beneficio para que incluya a todos los grupos de interés: accionistas, trabajadores, proveedores, comunidad y planeta.

Por eso, el movimiento trabaja para blindar los estándares y evitar que el sello se vacíe de sentido en un contexto de greenwashing creciente. "Las empresas podemos resolver problemas que tradicionalmente se han atribuido al sector público, podemos hacer tanto o más que el Ayuntamiento del pueblo”, concluye Manzano.