Presidente de Intermedia

Ernest Sena i Calabuig (1946-2026), la remontada reputacional del Institut Català de Finances

22 de Agosto de 2026
Toni Rodríguez

Aparte de otros posiblemente anhelos más íntimos, los dos grandes deseos vitales de Ernest Sena i Calabuig, exdirector del Institut Català de Finances (ICF), fueron la creación de un Banc Català de Crèdit y la consolidación —cuando menos conceptual— de una patria federal y compartida por el conjunto de los territorios de habla catalana. Entre ellos, como es evidente, su tierrecita, que era la valenciana.

 

El primer objetivo estuvo cerca de pasar de deseo a proyecto. El segundo lo vivió como si ya fuera una posibilidad real. Dicen que no hay más realidad que la que cada uno elige para ayudarse a vivir. En este sentido, Sena fue un hombre extraordinariamente práctico y productivo pero también extraordinariamente soñador e inconformista. Y por eso se creó un mundo ideal hecho a medida, secretamente envidiado por todo el que lo conoció.

Nuestra primera coincidencia fue en la redacción del viejo Correo Catalán donde, hasta su llegada, la información económica había sido publicada más en clave de defensa de los intereses particulares del señor que se encargaba de ella, que de los intereses de la gran mayoría de los lectores.

 

Cuando lo conocí, Sena era un chico tímido, consciente de vivir rodeado de auténticos mitos del periodismo: Pere Pascual, Rafael Pradas, Josep Martí Gómez, Joan Anton Benach, Josep Francesc Valls, Antoni (Toio) Ribas, Santi Vilanova, Albert Garrido... Y la verdad es que parecía sentirse ideológicamente forastero en un paraíso habitado por gente izquierdista e incluso comunista que lo miraba con cierto recelo. Una desconfianza que poco a poco se fue diluyendo como lo hace la nieve en el agua clara.

Efectivamente, Sena había llegado al Correo gracias a una indicación de Jordi Pujol, principal accionista del artefacto, cuando era una joven promesa del servicio de estudios de Banca Catalana, donde trabajaba con Josep Maria Bricall, Josep Maria Cullell, Josep Molist y Miquel Botella. Una entidad, que mira por dónde, también estaba controlada accionarialmente por el futuro presidente de la Generalitat.

"Cuando lo conocí, Sena parecía sentirse ideológicamente forastero en un paraíso habitado por gente izquierdista e incluso comunista que lo miraba con cierto recelo"

Pujol conocía a Sena a raíz de un largo viaje compartido a Montserrat donde asistían a un homenaje al abad Escarrer. Hay que decir que Sena nunca quiso tener carné de conducir. Era una de sus pequeñas manías. Su misión principal durante aquel largo viaje nocturno que debía marcar su futuro, fue dar conversación al futuro presidente, a petición del interesado, para evitar que se durmiera sobre el volante de su utilitarísimo Citroën 2 caballos.

Seguro que todo el mundo que haya tenido la escasa oportunidad de viajar en un coche conducido por el muy honorable presidente, sabrá qué significa la escena que acabo de describir para un hombre bien educado pero sincero como fue Sena toda la vida. 

Sin embargo, a medio plazo, para él aquel viaje fue providencial.

"Sena fue llamado por el exconsejero de Economía y Finanzas de la Generalitat, Jordi Planasdemunt para ocupar la subdirección general del ICF, que él dirigía"

Sena, llegado a Barcelona a los 21 años con una muda, un título de profesor mercantil y una máquina de escribir, huyendo tal vez de la influencia de una autoridad paterna excesivamente intervencionista, había sido fundador de Unió Democràtica del País Valencià, había puesto en marcha la revista València Setmanal, y una vez en Barcelona, montó un modesto Servicio de Economía y Sociología con los también democristianos Josep Miró i Ardèvol y Llibert Cuatrecasas, trabajó en el Servicio de Estudios de Banca Catalana, fue adjunto al director administrativo contable del grupo asegurador Catalana Occident, volvió a Valencia para ser director del servicio de Estudios de la Bolsa de Valencia y finalmente, de nuevo en Barcelona, fue asesor miembro de la Junta de Gobierno del Institut Català del Crèdit Agrari, dependiendo del departamento de Agricultura y Pesca de la Generalitat que lideraba el entonces consejero Josep Miró i Ardèvol. 

Con este bagaje a cuestas, Sena fue llamado por el exconsejero de Economía y Finanzas de la Generalitat, Jordi Planasdemunt, para ocupar la subdirección general del Institut Català de Finances, que él dirigía. La nueva etapa funcionó relativamente bien hasta que estalló el llamado “asunto Planasdemunt”, un escándalo que implicaba al mismo director general en una confusa historia de estafas y traiciones que acabó ante los tribunales y de rebote perjudicó bastante la imagen pública del ICF. 

Fue entonces cuando Sena tuvo una larga charla consigo mismo, otra con sus colaboradores más cercanos, se animó a coger el toro por los cuernos, aceptó el cargo de nuevo director de la entidad, contrató a Intermèdia e inició una potentísima campaña de opinión pública. Era el año 1992.

"Sena tuvo una larga charla consigo mismo, otra con sus colaboradores más cercanos y se animó a coger el toro por los cuernos"

La campaña, en una primera fase, consistió en poner al día los balances, ir a ver uno tras otro a los proveedores financieros habituales del Instituto, a su máximo nivel posible de responsabilidad y reunir a la veintena de profesionales que entonces integraban la plantilla de la entidad para reforzar su moral y reafirmar la legalidad de sus actuaciones.  

Paralelamente, Intermèdia organizó un road show con el Instituto con charlas y sesiones de trabajo en todas las cámaras de comercio, industria y navegación de Catalunya y sus delegaciones territoriales, en las sedes sindicales más destacadas y en las delegaciones territoriales de las patronales Foment, Pimec y Cecot, para explicarse y ofrecer servicios a sus afiliados. 

Una larga y productiva tanda de encuentros, complementada con otra ronda de opinadores mediáticos para explicar la situación, asegurarles una buena gobernanza del ICF y recibir sus inputs.

Cabe decir que la bonhomía, la credibilidad y la profesionalidad de Ernest facilitó bastante aquella tarea, que aunque se trataba de un personaje todavía no muy conocido, se podría decir que a principios del siglo XXI la situación había mejorado sensiblemente. Los interlocutores de Sena ya habían comprobado que estaban ante una persona extremadamente honesta, con una radical independencia de criterio, incapaz de aceptar prácticas non sanctas, o de integrarse en ningún tipo de capilla política o económica que quisiera manipular su función de funcionario. 

Sena era un militante de base de Convergència procedente de Unió Democràtica del País Valencià, en un primer momento, y de Unió Democràtica de Catalunya después, que habría querido una fusión de esta última con la formación pujolista antes que con la UCD de Adolfo Suárez, tal como acabó ocurriendo bajo el liderazgo de Anton Cañellas.

Su buena relación con el diputado socialista Martí Carnicer, que tenía la obligación de fiscalizar su gestión, y su militancia testimonial en Convergència, además del respeto incondicional de los miembros de su equipo, ayudaron bastante a consolidar esta imagen y prepararon a Sena para emprender una nueva etapa, consistente, por un lado, en crear un corpus conceptual de prestigio alrededor del crédito público y por otro en la construcción de un banco nacional catalán de crédito.

El único “enemigo” remarcable de Sena en estos proyectos fue el diputado del PP Josep Curto, empeñado en asegurar, por ejemplo, que el ICF escondía un agujero de 4.000 millones de pesetas. Cabe decir que aparte de este señor y sus acciones fracasadas —se dio finalmente de baja del PP a finales del año 2012—, las relaciones de la entidad con los partidos de la oposición fueron ejemplares, sin demérito de su debida y constante labor de control que debían ejercer y ejercían sobre la actividad del Instituto.

"Sena siempre defendió que el crédito público debía ser concedido a largo plazo para facilitar la consolidación de proyectos ambiciosos sin la lógica presión crediticia a corto y medio plazo de las entidades privadas"

Anecdóticamente, también cabe recordar algunas querellas interpuestas contra el ICF por determinados empresarios morosos que no devolvían los créditos y, agotadas otras vías de presión, intentaban evitar la ejecución de las garantías impulsadas por la dirección del Instituto. La mayoría, sin ningún tipo de sentido, fueron archivadas en primera instancia.

Sena siempre defendió que el crédito público debía ser concedido a largo plazo para facilitar la consolidación de proyectos ambiciosos sin la lógica presión crediticia a corto y medio plazo de las entidades privadas y siempre predicó que el ICF era una entidad económica sin ánimo de lucro pero obligada ante todo a mantener su propio equilibrio financiero con plena capacidad sin tener que recurrir a recursos de otros organismos e instituciones de la Generalitat. 

El nonato banco nacional de crédito debía haberse construido en el edificio de la actual sede de la Bolsa de Barcelona, en el paseo de Gràcia, entre Diputació y Gran Via, al que habría dado la bienvenida una obra del escultor valenciano Andreu Alfaro.

Se trataba de crear un espacio más funcional y representativo, “donde se pudiera colgar la senyera en la fachada” en palabras de Sena, que consideraba que más allá de la dignidad, el Instituto necesitaba ampliar equipo, espacio y presencia pública. 

"Se trataba de crear un espacio más funcional y representativo, “donde se pudiera colgar la senyera en la fachada” en palabras de Sena"

Pero no llegó a tiempo. Antes de emprender el proyecto, Sena quiso rodearse de académicos, profesionales y gestores institucionales de nivel internacional capaces de ayudarle a construir una teoría suficiente para el caso. Así fue como fueron concebidos los dos seminarios celebrados en el hotel Subur Marítim, de Sitges —ciudad donde entonces residía— los años 1986 y 1988. 

Dos eventos que ayudaron mucho a construir la teoría de este corpus académico, reforzado sin duda por la práctica diaria del centro. 

El primer seminario, celebrado los días 25 y 26 de octubre de 1996, llevaba por título El crédito público en Europa y fue dirigido por Ramon Caminal, director del Instituto de Análisis Económico (CSIC) y por Xavier Freixas, director del Centro de Investigación en Economía Financiera de la UPF, con la participación de profesores de las universidades de Tor Vergata (Roma), Ámsterdam, Pompeu Fabra (Barcelona), Carlos III (Madrid), Valencia, Stanford, Mannheim, Antonio de Nebrija (Madrid) y Múnich, además de representantes de escuelas de negocio (Esade, Iese), sindicatos y patronales y diferentes administraciones públicas. 

Entre los participantes, nombres tan destacados como Andreu Mas-Colell (UPF), Xavier Vives (Instituto de Análisis Económico del CSIC), Jordi Gual (Instituto de Estudios Superiores de la Empresa), Valentí Pich (Col·legi d'Economistes de Catalunya) o Patrick Artus (Caisse de Dépôts et Consignations de París), hasta completar una lista de 36 ponentes de primer nivel. 

El segundo seminario, bajo el título El Gobierno de la Empresa tuvo lugar el 23 y 24 de octubre de 1998 en el mismo hotel de Sitges, y fue dirigido por el profesor Xavier Vives, del Instituto de Análisis Económico (CSIC). Allí participaron 54 economistas, profesores universitarios y representantes institucionales de diferentes procedencias.

Entre ellos, el profesor Masahiko Aoki de la Universidad de Stanford; Douglas Gale de la Universidad de Nueva York; Martin Hellwig, de la Universidad de Mannheim; Monika Schnitzer, de la Universidad de Múnich; Luigi Zingales, de la Universidad de Chicago; Cornelia Holthausen, de la UPF, o Colin Mayer, de la Said Business School, junto con una excelente representación de talento local con participantes como Anton Gasol de la Caixa; Andreu Mas-Colell, de la UPF; Pere Puig, de Esade; Francesc Raventós, de Catalana d’Iniciatives y otros dirigentes institucionales y empresariales de prestigio. 

Los resultados de ambos seminarios fueron editados en sendos libros de consulta. Especialmente relevante fue el correspondiente al segundo, publicado al año siguiente por la Universidad de Cambridge bajo responsabilidad del profesor Xavier Vives con el título Corporate Governance. Theoretical & Empirical Perspectives.  

Todavía había un tercer seminario previsto que debía tratar sobre la posible participación de las instituciones de crédito público en favor de un desarrollo eficiente y no abusivo de los países del Tercer Mundo, pero no se llegó a celebrar.

"Sena gobernó la institución con plena libertad y sin interferencias políticas (que tampoco habría tolerado) bajo los mandatos de Macià Alavedra y Artur Mas como consejeros sucesivos"

Sena gobernó la institución con plena libertad y sin interferencias políticas (que tampoco habría tolerado) bajo los mandatos de Macià Alavedra y Artur Mas como consejeros sucesivos de Economía y Finanzas, hasta que la llegada de un tal Josep Molins como consejero delegado del Instituto, gracias a la creación de este cargo en una ley ómnibus creada a tal efecto por sus adversarios, hizo cambiar sensiblemente el escenario. 

Tanto cambió que al final Sena, que había resistido hasta el 21 de diciembre de 2004, no tuvo más remedio que aceptar un cargo como miembro de la Sindicatura de Cuentas, ya bajo presidencia de Pasqual Maragall en la Generalitat de Catalunya, donde trabajó entre 2005 y 2011. Su tarea innovadora al frente del ICF había durado desde 1992 hasta finales de 2004.

Su memoria, en cambio, será inmortal.

 

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