Europa ha perdido protagonismo e influencia geoestratégica. Llega tarde, pero aún está a tiempo de recuperar posiciones si asume que hoy el poder hoy se juega en tres ejes interconectados —político-militar, económico y de los datos— y actúa decididamente con inversiones ambiciosas, reformas profundas y nuevas alianzas comerciales.
La geopolítica se ha convertido en el principal factor de riesgo para empresas y gobiernos, pero con un componente económico cada vez más importante. De esto decimos geoeconomía, que es la influencia en el mundo a través de garantizar la disponibilidad de recursos críticos (energía, tierras raras y minerales o infraestructuras estratégicas) y, de esta manera, asegurar la autonomía estratégica. Si Europa quiere recuperar posiciones, necesita nuevos acuerdos con socios fiables para avanzar en esta autonomía. Es en este marco que hay que valorar muy positivamente el desbloqueo, después de décadas en el cajón, de los recientes acuerdos comerciales de la Unión Europea (UE) con Mercosur y la India.
La UE tiene por delante grandes desafíos económicos. El primero es hacer frente al proteccionismo de los Estados Unidos. El arancel medio efectivo aplicado a los productos europeos ha pasado del 1% vigente en 2024 al 12% actual, que sumado a una depreciación del dólar del 15%, está erosionando la competitividad de las exportaciones europeas. En España, el efecto conjunto se ha traducido ya en una caída de cerca del 8% de las exportaciones hacia el mercado norteamericano (datos enero-noviembre 2025), a las que habría que sumar el impacto indirecto a través de las exportaciones a otros países europeos que tienen como mercado destino los EEUU. La reacción de las empresas a esta pérdida de competitividad en el mercado norteamericano está siendo diversificar mercados hacia destinos con similitud exportadora, como Canadá, Australia o el Reino Unido, y en algunos casos, invertir directamente en los Estados Unidos para sortear barreras.
Las alianzas comerciales son la otra pata de esta nueva estrategia para hacer contrapoder a Estados Unidos. La UE persevera en el multilateralismo y avanza en acuerdos con socios que valoran la fiabilidad y la previsibilidad europeas. Mercosur es el ejemplo: un mercado que puede eliminar el 91% de las barreras y ahorrar hasta 4.000 millones de euros anuales a las empresas, con beneficios evidentes para la industria farmacéutica, la química y la automoción —con un arancel del 35%—, y para productos alimentarios como el vino, el chocolate, el aceite de oliva o el queso. La aprobación de un mecanismo de vigilancia que activa investigaciones ante incrementos de importaciones o caídas de precios súbitas, y el reconocimiento de 344 indicaciones geográficas (59 españolas), buscan equilibrar oportunidad y protección. El camino político para su aprobación aún es incierto, pero la voluntad de la Comisión Europea en su aplicación debería continuar siendo firme.
Mercosur puede eliminar el 91% de las barreras y ahorrar hasta 4.000 millones de euros anuales a las empresas europeas
El pacto con la India apunta todavía más arriba. Después de dos décadas de negociación, se perfila el acuerdo comercial más grande del planeta, que beneficiará a alrededor de 2.000 millones de personas. Es evidente que no toda la población de la India tiene una renta suficiente para acceder a productos exportados por Europa, pero aunque fuera solo el 10% de habitantes de renta más alta, estaríamos hablando de 150 millones de potenciales consumidores. La reducción de aranceles actualmente muy elevados en sectores clave para la industria europea puede reportar grandes beneficios: el vino puede pasar del 150% al 75% de entrada —y hasta el 20% a largo plazo—, el aceite de oliva del 45% al 0% en cinco años, el automóvil del 110% al 10%. A cambio, productos indios como el textil, la electrónica o la joyería ganarán acceso a la UE, pero con reglas de origen estrictas para evitar triangulaciones.
De todas maneras, los beneficios de los nuevos acuerdos comerciales no se limitan a las posibilidades de incrementar las exportaciones de bienes y servicios, sino, sobre todo, abre nuevas oportunidades asociadas a la reducción de barreras no arancelarias, como el acceso a la contratación pública, la transferencia tecnológica, la atracción de trabajadores cualificados o el acceso a minerales críticos para hacer la transición climática y tecnológica en Europa.
La UE posee una singularidad que ninguna otra región puede replicar: un mercado potencial de 450 millones de personas con alta capacidad de renta
Aparte de la amenaza arancelaria constante de los Estados Unidos, el segundo desafío europeo proviene de China, que juega de manera más silenciosa, pero que también amenaza el multilateralismo. Ante las subidas de aranceles norteamericanos, Pekín ha desviado exportaciones hacia la ASEAN y hacia Europa: las ventas a los Estados Unidos caen un 20%, mientras que en Europa crecen un 8,4%, favorecidas además por un yuan débil. Pero el cambio no solo es cuantitativo, también cualitativo: bajan las importaciones de productos de bajo coste de China —juguetes, calzado y textil— mientras que crecen más de un 20% las de semiconductores, automóviles y maquinaria sofisticada. La brecha de precios de los productos chinos con los productos europeos se ha ampliado y el resultado es una presión a la baja en los márgenes de las empresas europeas, que está poniendo en alerta a la industria europea. En España, las importaciones desde China crecen por encima de la media comunitaria, alrededor del 13%, y ya suponen el 11,3% del total, el nivel más alto en diez años.
Los factores europeos
A pesar de los dos grandes desafíos económicos que provienen del exterior, el principal reto europeo se encuentra dentro de sus fronteras. La UE posee una singularidad que ninguna otra región puede replicar: un mercado potencial de 450 millones de personas con alta capacidad de renta. Pero el mercado único continúa fragmentado en 27 estados y esto impide la escala que requieren los sectores de la energía, las telecomunicaciones o las finanzas para competir globalmente. El informe Letta lo advertía hace casi dos años, pero los avances han sido escasos. Según un estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI), el coste de las barreras internas entre países europeos equivalen a una tasa arancelaria del 40% en el caso de las manufacturas y del 110% en los servicios. Estas tasas son muy superiores a los aranceles que se aplican con los Estados Unidos o China. Además, el 60% de las exportaciones europeas son intraeuropeas. Por lo tanto, el potencial económico de reforzar el mercado único europeo es enorme.
Mientras tanto, la revolución de la IA dibuja la nueva frontera de productividad y Europa se está quedando al margen. Mientras que en Estados Unidos la inversión tecnológica (software, equipos, centros de datos y nueva generación eléctrica asociada) ha alcanzado cerca del 5% del PIB, y explica buena parte del crecimiento de su economía en el 2025, Europa no tiene un papel destacado en semiconductores o capacidad computacional
A todo esto, se suma el envejecimiento de la población europea que reducirá el crecimiento potencial y tensionará las cuentas públicas, limitando la capacidad de financiación. La disyuntiva estará entre cubrir las necesidades de gasto social o priorizar la inversión en defensa o IA. Para no tener que escoger, habría que avanzar en la construcción de un mercado único de capitales que utilice el ahorro de los ciudadanos europeos para financiar la inversión europea, y al mismo tiempo emitir bonos europeos como se ha hecho con los Fondos NextGeneration
El mensaje principal que quiero dar a los lectores es que la Unión Europea se juega su lugar en el mundo en los próximos años y el resultado dependerá de cómo actúe en tres frentes simultáneos: 1) invertir para hacer frente a la competencia china y norteamericana, 2) reformar para hacer más productiva la economía y aprovechar todo el potencial de nuestro mercado interno, y 3) abrirse con acuerdos que amplíen escala y aseguren suministros críticos. No hay otro camino si aspiramos a que la UE recupere su poder geoeconómico en el mundo.