A la hora de tomarle el pulso a la economía, el diagnóstico de Antoni Castells (Barcelona, 1950) siempre es uno de los que más expectación genera. Y parece lógico si revisamos su currículum: Castells no solo fue consejero de Economía y Finanzas de la Generalitat de Catalunya desde 2003 hasta 2010, sino que también es licenciado y doctor en Economía por la Universitat de Barcelona (UB), donde posteriormente se vinculó como catedrático de Hacienda Pública. Como economista de vocación, disfruta de un perfil docente muy destacado: ha sido profesor visitante en la Johns Hopkins University y en nuestra tierra fue director del Institut d'Economia de Barcelona hasta que fue nombrado consejero.
Castells se define como europeísta —aunque no oculta su decepción con Bruselas—, al tiempo que recuerda que el gobierno del que formó parte ya detectó y planteó las problemáticas estructurales que arrastra Catalunya. Ser el primero, sin embargo, no es lo que le otorga su estatus. Es la rotundidad con la que ofrece su visión autocrítica de una Catalunya mejor.
Aunque los datos macroeconómicos son buenos, últimamente se han publicado diversos informes en los que se advierte de la inconveniencia del modelo productivo de Catalunya. ¿Comparte esta idea?
Este problema del modelo es real y lo tenemos desde hace muchos años. Piense que cuando nosotros llegamos al Govern a finales de 2003, una de las primeras cosas que hicimos fue poner en marcha el acuerdo estratégico por la calidad del empleo, la internacionalización y la competitividad de la economía catalana. Partíamos del diagnóstico de que la economía catalana tenía un problema serio de modelo, porque era uno demasiado basado en el trabajo extensivo, en gran medida en servicios de baja productividad, y que era necesario hacer un esfuerzo y sentar las bases para un aumento de la productividad en todos los sectores.
El acuerdo para sacar adelante el plan estratégico lo firmamos en febrero de 2004, es decir, enseguida nos pusimos de acuerdo el Govern, las tres patronales —que eran Pimec, Fepime y Foment— y los dos sindicatos —UGT y CCOO—. Se creó un equipo asesor muy potente presidido por Manolo Castells y un grupo operativo que llevó a cabo Josep Oliver. En un par de años ya teníamos el acuerdo. Quiero decir que este diagnóstico ya está hecho desde hace muchos años: la economía catalana tiene un problema muy serio desde este punto de vista. Y 22 años después seguimos igual.
¿Por qué no se ha llegado a ninguna parte?
Porque esto otro es lo fácil, es la inercia. Entonces, vamos creciendo en extensión. Si crece el PIB es porque aumenta el empleo, no porque lo haga la productividad. Y es evidente que este no es un buen modelo, porque crecen sectores de baja productividad: la restauración, el comercio, los servicios personales... ¿Quiere decir esto que no hay cosas que funcionen bien? Evidentemente que las hay. Tenemos empresas de vanguardia en su sector, que han mejorado mucho la productividad o que son capaces de exportar de una manera muy importante, etc. Pero el modelo sigue padeciendo este problema básico, que además se agrava si miramos la economía española. Me parece que se hace mucho triunfalismo. Se dice que España es el país que más crece de Europa, pero miremos cómo lo hace y fijémonos en el PIB per cápita, sobre todo. No todo consiste en hablar del aumento del PIB.
Esta semana se ha firmado el Pacte Nacional per a la Indústria 2026-2030. Entre otras cosas, existe la voluntad de elevar la aportación de la industria al 25% del PIB. Hace años que se vive con este deseo, pero hasta ahora no nos hemos acercado al objetivo. ¿Es realmente posible o son falsas esperanzas?
Hombre, hay un punto de utopía en todo esto, porque la tendencia en todas partes es que la producción industrial, la manufacturera, ha ido a la baja. En Catalunya, que era un país muy importante desde este punto de vista, se ha notado. Tendrían que explicarme cómo se va a hacer para llegar al 25%. Dani Rodrik, que es un gran economista turco de Harvard, explicó que en su momento había defendido la reindustrialización, pero no sabía si ahora podría decir lo mismo, porque lo importante es la mejora de la productividad. Con eso estoy totalmente de acuerdo. De modo que las manufacturas, si son servicios de tecnología avanzada que tienen una productividad muy elevada y aportan un alto valor añadido, a mí también me sirven. En cualquier caso, deberíamos apuntar hacia ahí.
¿Y estos sectores de bajo valor añadido, como el turismo, pueden convertirse en sectores de alta calidad?
Sí, y en parte ya lo tenemos. Existe esta dualidad del turismo: el masivo, con turistas que consumen productos y servicios de baja calidad, y el de alto poder adquisitivo, con turistas que gastan mucho y lo hacen, además, en productos de consumo de lujo. Seguramente ambas realidades tienen que convivir, pero sí deberíamos hacer un esfuerzo para que nuestro turismo fuera cada vez más selectivo y de mayor nivel. De hecho, el turismo se refleja en tres sectores: restauración, hostelería y comercio. Y es ahí donde la productividad es baja. Hemos tenido mucha inmigración, sí, pero ¿dónde ha ido? Básicamente, a estos sectores y a los servicios personales.
"La patronal dice lo que conviene a los empresarios que emplean a los inmigrantes de baja cualificación"
¿Qué le han parecido los discursos de las patronales respecto a la inmigración? Por ejemplo, escuchamos decir al presidente de Foment del Treball que Catalunya necesita a los inmigrantes como el agua que bebemos.
Es saludable que las patronales no se apunten a la moda del discurso antiinmigración por sistema de la derecha xenófoba, populista y franquista. Ahora bien, la patronal también debería ser exigente a la hora de pedir una inmigración que nos ayude a crecer en productividad.
¿Por qué cree que no se hace ese matiz?
Porque, ¿quién compone la patronal? Los empresarios. Bueno, algunos, porque también hay muchos que no deben de estar afiliados a ninguna asociación. ¿Quiénes son los que emplean a estos inmigrantes de baja cualificación? Los empresarios (ríe). Por lo tanto, la patronal dice lo que les conviene a esos empresarios.
Pero el Cercle d'Economia también se compone de empresarios y su nota de opinión ha sido diferente.
Sí... Yo creo que nos hace falta un acuerdo estratégico para este tema. Y lo puedo decir porque nosotros lo intentamos. Habría que volver a hacerlo unos cuantos años después; aprovechar que se tiene el Next Generation, que sirve para eso, ver dónde hemos fallado, qué se ha de intentar... El planteamiento que hicimos nosotros era el que prevalecía en aquellos momentos: cuando se pretende llevar a cabo una transformación del modelo productivo en una determinada dirección, no se debe actuar de forma arbitraria. Es decir, no se debe apostar por un sector y no por otro, porque eso acaba siendo algo poco objetivo y se favorece a unos en detrimento de otros. Hay que sentar las bases y hacer políticas horizontales que sirvan para todos los sectores. Y entonces, que sean las empresas las que se arriesguen y, si lo hacen bien, las que salgan adelante.
¿Cuáles serían los sectores horizontales?
Pues la educación, la investigación, las infraestructuras, la energía... Ahora, desde la covid, ha aparecido con mucha fuerza la idea de la nueva política industrial. Su primera concreción práctica se produjo con la Inflation Reduction Act (IRA) que aprobó Joe Biden: teóricamente era una ley contra la inflación, pero, de hecho, apostaba claramente por impulsar determinados sectores en Estados Unidos, porque vieron que no podían depender de según qué cosas. Se gastaron mucho dinero en energía limpia, digitalización, biotecnología, etc. Entonces, hicieron un paquete de un billón y medio de dólares para ayudar a las empresas a llevar a cabo todo eso en Estados Unidos. Y si había una compañía europea que quería hacerlo, tenía que ir allí. Aquí dijimos que eso era intervencionista, porque no se estaba planteando hacer algo horizontal. A partir de ahí, Europa tiene que llevar a cabo algo similar, evidentemente sin la potencia ni la capacidad de intervención directa que tiene el gobierno federal, pero tiene que producirse. Debemos combinar políticas horizontales con otras que prioricen determinados sectores.

¿Y cuáles deben ser esos sectores?
En estos momentos es evidente que deberían ser los dos tradicionales, que son las energías verdes y limpias y la digitalización. Ahora bien, también deberíamos añadir la defensa, porque dependemos de comprar fuera. Tenemos que crear grandes empresas capaces de situarse en la vanguardia en materia de defensa. Y también deberíamos mencionar la inteligencia artificial, que, si se quiere, en parte está ligada a la digitalización. Los cuatro son sectores clave y Europa debería poner todo lo que hiciera falta para hacerlo.
"Debemos mezclar políticas horizontales con otras que prioricen sectores determinados"
¿Cuál debe ser el papel de Catalunya en esta construcción de grandes empresas campeonas europeas? Porque nuestra industria nunca antes se había orientado hacia la defensa.
Bueno, pero hay muchas industrias que se han reconvertido a la defensa.
O sea, a través de la reconversión.
He visto que se están reconstruyendo industrias en el sector de la automoción. Ya se produjo en la Segunda Guerra Mundial: en nada, los Estados Unidos fueron capaces de crear una industria de defensa enorme, porque estaban muy atrasados respecto a Alemania en materia de armamento. En Catalunya seguro que existen muchas empresas que no lo acaban de pasar bien y que a la vez tienen la tecnología adecuada para convertirse en industrias de defensa. El tema, sin embargo, es que el problema es a escala europea. Por ejemplo, Francia y Alemania acordaron que harían un avión de combate y al final no se entendieron y lo han dejado estar.
¿Por qué suceden estas cosas?
Bueno, hace poco leí una historia de los años sesenta entre Francia e Inglaterra. Ambos estaban impulsando conjuntamente un avión, y de repente los franceses dijeron que no porque su gran empresario de defensa, que era Marcel Dassault, era muy amigo de De Gaulle y no quiso, ya que los que iban a fabricar el avión eran los ingleses.
Esto no puede ser. Como usted decía, Europa necesita grandes campeones o, al menos, la política de los campeones, si no se puede optar por uno solo. Lo que no puede ser es que en telecomunicaciones, como apunta el informe Draghi, en Estados Unidos haya tres grandes empresas, en China cuatro y en Europa 28. Hablamos de mercado único, pero ¿qué mercado único es este? O que las empresas se encuentren una regulación diferente en cada país. Como muestra el informe Letta, Europa tiene un problema de fragmentación. ¿Cuántos bancos europeos de primer nivel son importantes en el resto de países, además del suyo? El Santander, porque le ha comprado el TSB al Sabadell, o quizás el BBVA, pero, en general... En Estados Unidos, en cambio, hay una gran cantidad de bancos pequeños, pero también encontramos los siete principales en todas partes. En Europa esto no pasa, y es un problema gravísimo.
¿Ha perdido Europa la fe en sí misma? Porque parecía que con el Next Generation se impulsó un poco ese sentimiento europeísta, y también hemos visto los informes que comentaba, pero de momento el grado de aplicación es muy bajo.
Es muy ambivalente. Los europeístas siempre nos sentimos un poco decepcionados porque no avanzamos lo suficiente. Yo quería una Europa integrada políticamente, con un gobierno europeo, pero, por otra parte, Europa sigue resistiendo. Creo que se ha respondido satisfactoriamente a las dos grandes crisis que ha habido, que son la covid y la guerra de Ucrania. Yo me sentí orgulloso de ello. Con la covid fue capaz de poner en marcha el Next Generation y reaccionó unida, al contrario de lo que hizo diez años antes con la gran recesión. Se decidió aplicar una política de apoyo al sector público pasara lo que pasara, se suspendieron las reglas de disciplina presupuestaria para que los Estados pudieran gastar lo que hiciera falta, el Banco Central Europeo (BCE) puso en marcha un programa para comprar deuda de los Estados... Y, oiga, en un año y medio el mundo descubrió una vacuna, lo que fue un hecho extraordinario. Y con la guerra de Ucrania, pese a todo, Europa está apoyando a Ucrania, y en esta guerra Rusia no conseguirá lo que quiere, cuando Estados Unidos ha flaqueado.
Sin embargo, es evidente que, tal como está el mundo hoy, Europa está perdiendo la carrera por mantenerse en el primer nivel. Ahora mismo solo hay dos corredores, que son Estados Unidos y China. O damos pasos decisivos hacia la integración política o no estaremos en esa primera fila. Pero, por otra parte, vemos hasta qué punto es difícil dar esos pasos. Habermas, aquel gran filósofo alemán que murió hace poco, escribió precisamente eso en uno de sus últimos artículos: que nunca como ahora había visto tan claro que necesitamos una Europa unida políticamente, y nunca como ahora lo había visto tan imposible. Muchos suscribimos ese diagnóstico.
Detecto pesimismo en su europeísmo.
Sí, pero ya se lo he dicho: por una parte, menos mal que tenemos Europa, porque es una referencia en un mundo repleto de personajes tan detestables como Putin, Trump o Netanyahu, que incluso hacen parecer bueno a Xi Jinping, porque al menos no recurre a los cañones a la mínima. Ya lo dijo el primer ministro de Canadá, Mark Carney, en su famoso discurso en Múnich: tenemos que reconstruir una nueva coalición de países, y ahí Europa tiene un papel si se atreve y es capaz de ejercer un liderazgo. Deberíamos crear una coalición de países democráticos que no sigan la línea de Trump. Los países anglosajones —Canadá, Australia y Nueva Zelanda— y los asiáticos —Japón y Corea del Sur—. Si fuéramos capaces de crear una comisión de todos esos países y lograr que tuviera una voz relativamente propia en el escenario mundial, eso tendría peso. Y entonces podríamos hablar con China, India, Estados Unidos, etcétera.
"La unión financiera consistiría en dos cosas: la unión bancaria, que está a menos de medio hacer, y la creación de un mercado de capitales, que en Europa es muy pequeño"
Recientemente, usted ha publicado el monográfico Los desafíos pendientes de la unión fiscal europea. ¿Qué opinión le merece este intento de empujar la Unión de Ahorros e Inversiones a través del E6, la coalición entre los seis grandes países europeos?
Bueno, este también es un tema recurrente. En Estados Unidos, las startups que tienen ciertas posibilidades encuentran financiación fácilmente en el mercado de capitales, mientras que en Europa el mercado de capitales es raquítico. La idea me parece muy bien, pero tenemos un problema de origen: ¿qué banco español se ha implantado con éxito en Francia? ¿O viceversa? La unión financiera consistiría en dos cosas: la unión bancaria, que está a medio hacer, y la creación de un mercado de capitales, que en Europa es muy pequeño. Eso significa crear compañías que sean capaces de emitir capital riesgo y ayudar a las pequeñas empresas a poder financiarse, que es lo que ocurre en Estados Unidos.
¿Cómo se desbloquea esto, sin embargo?
Si quienes saben mucho de estos temas no lo han conseguido... Yo diría que sin unión política, el resto es muy difícil. Hay que invertir el orden; los pequeños pasos se podían dar mientras no existía la moneda única. A partir de aquel momento, la política pasaba a ocupar el primer plano y había que avanzar hacia la integración política, pero no se ha hecho. Más bien se ha retrocedido, porque cuando llegamos a ese punto, paradójicamente, en lugar de avanzar hacia una federalización, se fue en sentido contrario, es decir, avanzamos hacia un escenario en el que el Consejo de la Unión pesa cada vez más. Es decir, un mecanismo intergubernamental, no federal. Entonces, eso es un problema.
Por ejemplo, miremos el Next Generation, que en su momento fue extraordinariamente importante. Se podría haber utilizado para poner en marcha programas federales, que debería implementar un gobierno europeo (la Comisión, en este caso) a través de acciones específicas en los territorios que considerara convenientes. Es decir, como hacen los estadounidenses: programas concretos para desarrollar baterías eléctricas o chips, por ejemplo. ¿Qué se hizo, sin embargo? Lo de siempre, la cuotización: tenemos 750.000 millones de euros y ahora veremos qué le corresponde a cada país. Eso es fatal. Pero lo que comento debería haber servido para dar fuerza a la Comisión a fin de que tuviera vía libre para trabajar en toda Europa e impulsar proyectos comunitarios, como se hace en Estados Unidos. Y no fragmentarlo entre 27 países.
Antes ha tratado el tema de las escasas fusiones transfronterizas que se están registrando en la banca europea. Hace tiempo que se están impulsando desde Europa, pero de momento no hemos visto resultados. ¿Sucederá en algún momento o hará falta que Europa añada incentivos?
Supongo que podrían hacerlo, porque cuando quieren intervenir, lo hacen. Al Banco Popular lo liquidaron.
Lo digo porque ya lo han pedido, pero de momento no está ocurriendo.
Todo el mundo dice que eso sería conveniente. Una banca europea implantada homogéneamente a lo largo de todos los territorios habría tenido unos efectos muy beneficiosos durante la crisis bancaria de la gran recesión, porque no habría vinculado los problemas de cada país a los de la banca de ese territorio. Habría sido un riesgo diversificado entre todos los Estados. Pero ya lo ve, cuando Unicredit intenta quedarse con Commerzbank, salen los alemanes y dicen que no. Y la Comisión no se atreve a pedir que sean los accionistas quienes lo decidan. En cambio, con Sabadell y BBVA sí que se atrevieron a pronunciarse.
Y era diferente, porque aquella era una fusión entre bancos nacionales, no transfronteriza.
Exactamente. Oiga, y nos conviene que exista un gran banco europeo que sea en parte italiano, en parte alemán y, ojalá, también en parte francés.
"En Catalunya tenemos el problema de que cuando una empresa crece y le va bien, llega un momento en que le ofrecen mil millones y no sabe decir que no"
Parece otro proyecto más de intenciones que de acciones.
O de falta de poder político. Es que la Comisión, en el fondo, es un poder muy supeditado al Consejo. Tuvimos el ejemplo en la primera elección de Ursula von der Leyen. Entonces se decidió que, para contribuir a que hubiera un poder político más fuerte, se implementaría el Spitzenkandidat, lo que significa que cada gran partido coloca como cabeza de lista a su candidato a presidir la Comisión. Por tanto, automáticamente, si gana ese partido, su candidato pasa a ser presidente de la Comisión. Eso se hizo con Jean-Claude Juncker y funcionó, pero en las siguientes elecciones el Partido Popular Europeo colocó a Manfred Weber como cabeza de lista. Y una vez que ganó, Macron no quiso que fuera presidente de la Comisión. Entonces, Angela Merkel propuso el nombre de Von der Leyen para demostrar que eran ellos quienes mandaban. Creo que aquí nos hace falta un gobierno europeo elegido por el Parlamento, o preferiblemente por los ciudadanos, como en Estados Unidos. Entonces tendría un poder muy grande.
Hace un año, el CEO de Factorial, Jordi Romero, aseguró que uno de los problemas de los empresarios europeos —y también catalanes— era que aquí les ofrecen 100 millones de euros por la compañía y ya se retiran, a diferencia de Estados Unidos. ¿Tenemos un problema de cultura empresarial?
En parte sí, este es uno de los problemas de nuestras empresas familiares. En Estados Unidos está el ejemplo típico de compañías que se crearon en un garaje y que crecen hasta el punto de que no solo no se venden, sino que son ellas las que compran otras empresas. Aquí, en cambio, tenemos el problema de que cuando hay una empresa que crece y le va bien, llega un momento en que le ofrecen mil millones porque es una buena compañía y no sabe decir que no. Esto es aún más acusado en la empresa familiar, porque si no tienen las acciones en bolsa, cuando llega la segunda o tercera generación hay una cantidad significativa de propietarios, que tienen un patrimonio apreciable, pero no lo pueden materializar. Por tanto, cuando llega alguien y les ofrece una cantidad muy importante de dinero, la tentación es enorme.
¿Y de quién es la responsabilidad?
De todos. Aquí existe una mentalidad de querer controlarlo todo. El empresario catalán no se fía de que alguien meta las narices en su empresa, y si sale a bolsa eso es inevitable. Alguien vendrá y tendrás que rendir cuentas, o bien enviar a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) informes periódicos. Y luego hay otro problema que se tiene que resolver: imagínese que en una empresa familiar hay un núcleo muy potente que está al frente y quiere tirar adelante, pero aparece el sobrino del primo de no sé quién, que es accionista pero no pinta nada, y sabe que tiene unas acciones que en los libros valen cierta cantidad, pero no puede venderlas, o sí puede hacerlo, pero en condiciones muy limitativas. Cuando llega una oferta que paga un 20% por encima del valor contable, la tentación de venderlas para comprarse una casa en Pedralbes es irresistible.
Aquí nos falta tener una visión con un poco de ambición. ¿Cuántas grandes empresas catalanas tenemos que hayan salido adelante por sí solas hasta convertirse en grandes empresas? Sí que hay algunas, pero no muchas. Fíjese que las grandes entidades catalanas son mutualistas: el Barça, el Racc... ¡incluso La Caixa en su origen! Todas ellas son organizaciones en las que la responsabilidad está difusa y no te la juegas.
¿Esta falta de ambición que dice aplica al empresario catalán en general o responde a una tipología en concreto?
En general. Hombre, hay casos que no. Fluidra, por ejemplo, es una empresa familiar que empezó pequeña, pero salió adelante y acabó convirtiéndose en una gran compañía en su sector. Pero casos como los de Joan y Eloi Planes son la excepción, desgraciadamente.
El conseller de Empresa i Treball, Miquel Sàmper, aseguró a VIA Empresa que la única diferencia entre Catalunya y Alemania es la cantidad de grandes empresas que hay entre los dos territorios. ¿Cómo se explica esta diferencia?
Bueno, esa es una diferencia que ya es importante (ríe).
Pero, según el conseller, es la única.
Y también la formación profesional y la red de centros científicos. Por no hablar de la historia.
Ya ha encontrado tres más.
Por no hablar de los Beethoven, o los Mozart y Haydn, aunque no sean alemanes. Y de los Brahms, los Wagner, los Richard Strauss, los Mendelssohn... También los grandes científicos. ¿Cuántos Gauss hemos tenido?
...
Nosotros hicimos un estudio [Policy Brief d’EuropeG] para detectar el problema de la pequeña y mediana empresa, la diferencia con Alemania era doble. Primero, que en cada sector se concentraban muchas más pymes en España que en Alemania. Y en Catalunya igual. Y el segundo problema era que en cada una de las dimensiones de empresa la productividad era mayor en Alemania que en España. Es decir, en cada segmento, la productividad era más alta en Alemania. Por tanto, tenemos este doble problema. Aunque hubiéramos tenido una distribución empresarial exactamente igual, por tamaño de empresa, la productividad de Alemania seguiría siendo superior, porque lo es en cada nivel.
"Aunque hubiéramos tenido una distribución empresarial exactamente igual por tamaño de empresa, la productividad de Alemania seguiría siendo superior, porque lo es en cada nivel"
Aún no hemos tratado dos temas clave como son la vivienda y las infraestructuras. ¿Qué opina de las medidas que se han tomado en Catalunya en este sentido?
Es importante que se sitúe la vivienda como prioridad. Hay gente buena trabajando en ello, pero ya veremos, porque se han intentado cosas y cuesta mucho. Veo un problema gravísimo, sobre todo para la juventud. Y en las infraestructuras, lo que plantean es correcto, pero no sé si confiamos demasiado en el gobierno central. Hay que tener garantías, y todo lo que hacen es asegurar que ya han hablado con Madrid y que les dicen que están de acuerdo. Con la ley ferroviaria, ¿qué garantía hay? ¿Que el gobierno central les ha dicho que se lo tomará con interés?
¿No debemos fiarnos del gobierno central?
Hasta ahora no, en absoluto. Y creo que aquí quizá sobra buena fe. Con el gobierno central hacen falta garantías.
Entonces, ¿Rodalies no se podrá arreglar hasta que se gestione desde Catalunya?
No lo sé, lo que es obvio es que ahora mismo es un desastre. Es un tema inexplicable. ¿Cómo puede ser que durante tantos años tengamos esta cantidad de problemas? Que hay que ponerle remedio es evidente, porque es algo que no pasa en ningún otro lugar del mundo. ¿Lo haríamos mejor nosotros? No lo sé, pero peor de lo que lo hacen ellos parece imposible, aunque nosotros también hemos hecho muchas cosas muy mal. De modo que cualquier solución me parece que merece la pena intentarla. Nosotros tenemos el problema de Rodalies y teníamos el del aeropuerto, que nos guste o no, mientras el mundo no cambie, hay que tener un aeropuerto que pueda competir con los de primera división, porque si no estamos perdidos. No solo por el turismo, sino también por la localización de empresas.
"¿Rodalies? Mi experiencia me dice que con el gobierno central no basta con las buenas palabras"
En materia de infraestructuras arrastramos estos dos grandes temas, pero también hay un problema muy importante con el puerto o el transporte de mercancías a través del eje mediterráneo. Es fundamental que no dependamos de los camiones, como sucede hoy. Finalmente, están las grandes infraestructuras que no son estrictamente de comunicaciones, como los centros de datos de la inteligencia artificial, que consumen niveles de energía enormes. De momento, las intenciones me parecen buenas, pero esto lo juzgaremos dentro de cuatro años. Hay que estar muy encima, y no sé si se han creado los mecanismos adecuados para asegurar que los compromisos se cumplan. Mi experiencia me dice que con el gobierno central no basta con las buenas palabras, y la realidad política actual funciona como si hubiera un exceso de optimismo.
